Bueno, es cierto que el centro de la vida de una persona debe ser su trabajo o sus estudios (yo soy un pésimo estudiante).
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Y luego está el tiempo libre, que uno debe dedicar a su familia, al Señor y a otras actividades.
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El tema del ocio en un tiempo pasado fue el centro de mi vida, y ahí entra el cine, la televisión, las novelas (literatura en general), los videojuegos y las frikadas (juegos de rol, comics, juegos de cartas, etc). El ocio era el centro de mi vida.
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Y el tiempo para el Señor casi había desaparecido de mi vida. Todo esto llenaba mi tiempo vital, me gustaba consumir historias de fantasía, que en el fondo, en la mayoría de los casos son mentiras, sueños o fantasías. No suelen ser historias reales. Además, Dios ni se menciona en ellas. No aparece. No está.
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Sí, había un cierto escapismo en mi forma de comportarme.
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Mi gran deseo es que el Evangelio ocupe el lugar de todas esas cosas y que me olvide de ellas, aunque de vez en cuando me viene la tentación de volver atrás.
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En el fondo son una pérdida de tiempo.
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Lo que quiero decir es que ¿en qué empleas el tiempo de tu vida? ¿hay tiempo para el Señor en ella a diario? ¿mucho poco?
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El Evangelio puede llenar la vida de una persona, la oración, Dios en general.
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A fin de cuentas esta vida dura como mucho cien años y después está la eternidad.
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Por otra parte el Espíritu Santo te puede hacer el Evangelio dulce como la miel... El secreto está en buscar algo religioso que más o menos te guste y que merezca la pena (hay mucho que no vale la pena) y sustituir con ello, por ejemplo, el tiempo de televisión que no aporta nada, o el novelón de turno que no es más que una historieta... Es decir, usar bien el tiempo de ocio...
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Con respecto a la oración el Espíritu Santo también te puede hacer que disfrutes de ella y que te sepa dulce. El fondo todo depende de Dios...
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La sequedad espiritual es para gente que ya ha crecido en el camino del Señor, pero eso eso es una prueba que pone el Señor para que las personas sean fieles y no recen sólo cuando reciben consuelos... Yo no estoy ahí todavía gracias a Dios.
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También el pecado personal puede producir aridez en la oración si es algo grave. El pecado grave puede destruir la relación con el Señor.
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Si al principio cuesta orar, hay que pedirle al Espíritu Santo que te conceda la gracia de hacerte dulce la oración... Es un don maravilloso ese...
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En la oración hay que tener un equilibrio y dar bastante peso a la alabanza y la acción de gracias, y menos peso a las peticiones o intercesión (que es necesaria también, pero que no debe serlo todo). Hay personas que sólo se dedican a pedir y a pedir y a pedir... Pedir es necesario, pero no debe de ser todo. (También es bueno ser generoso en las peticiones y pedir mucho por los demás, y preocuparse menos por los problemas personales, confiando en que están en manos del Señor).
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ROSAS PARA MARÍA
Oh, Señora mía, oh, Madre mía, yo me ofrezco del todo a vos y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, en una palabra todo mi ser, ya que soy todo vuestro, oh Madre de bondad, guardadme y defendédme como cosa y posesión vuestra. Amén
sábado 4 de febrero de 2012
sábado 21 de enero de 2012
¿Por qué enseñar religión católica en los colegios?

Leí un artículo hace tiempo que hablaba de raíces cristianas, que se debía de estudiar religión para entender tu cultura; por aquello de ver una catedral gótica o un claustro románico o el cáliz de la foto y comprender el sentido de ese edificio u objeto religioso, leer los escritos de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús y entenderlos, así como los de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, etc.
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Entiendo que ese sea un argumento para invitar a un neo-pagano moderno a estudiar religión: por culturilla general.
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Yo querría dar una visión distinta del asunto. La visión del creyente: por qué un creyente debe estudiar religión:
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¿Por qué enseñar religión católica en los colegios?
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1º Porque Dios existe. Y la vida humana no se acaba con la muerte. Tenemos un alma inmortal y dos posibles destinos: para la gente buena el Cielo, para la gente mala el infierno. Que haya gente que no se lo crea no quiere decir que esto no sea verdad. Hay personas que niegan la realidad, pero viven en el error, por desgracia para ellos.
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Si tienes la suerte de conocer a Dios y salvarte, afortunado de ti. Si no tienes la suerte de conocer a Dios, que Dios te ampare el día del juicio, a lo mejor te salvas y tu destino es el Cielo; pero probablemente hubieses podido conseguir más aprendiendo religión y poniéndola en práctica en tu vida, tratando de vivir una vida santa en la tierra.
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2º Es importante que te enseñen religión; porque es importante que trates de salvar tu alma de la condenación eterna (y también ayudar a la de los que te rodean si es posible a salvarse).
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Entiendo que ese sea un argumento para invitar a un neo-pagano moderno a estudiar religión: por culturilla general.
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Yo querría dar una visión distinta del asunto. La visión del creyente: por qué un creyente debe estudiar religión:
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¿Por qué enseñar religión católica en los colegios?
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1º Porque Dios existe. Y la vida humana no se acaba con la muerte. Tenemos un alma inmortal y dos posibles destinos: para la gente buena el Cielo, para la gente mala el infierno. Que haya gente que no se lo crea no quiere decir que esto no sea verdad. Hay personas que niegan la realidad, pero viven en el error, por desgracia para ellos.
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Si tienes la suerte de conocer a Dios y salvarte, afortunado de ti. Si no tienes la suerte de conocer a Dios, que Dios te ampare el día del juicio, a lo mejor te salvas y tu destino es el Cielo; pero probablemente hubieses podido conseguir más aprendiendo religión y poniéndola en práctica en tu vida, tratando de vivir una vida santa en la tierra.
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2º Es importante que te enseñen religión; porque es importante que trates de salvar tu alma de la condenación eterna (y también ayudar a la de los que te rodean si es posible a salvarse).
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3º Este argumento lo incluyo aquí, pero es de Miriam, que lo ha dejado en un comentario: "...Seria algo así como que es esencial al hombre conocer a Dios, y necesita de su Amor para desarrollarse como persona. Y para ser más receptivo a su Amor, nada mejor que rezar (punto 9) y conocerle (clase de reli [en parte, añado yo])....". Comentando lo que dice ella, tras varios años en la Iglesia es verdad que se le puede decir a Dios: "Tú haces que yo quiera ser mejor persona, Tú haces que yo sea mejor persona". No se puede amar nada que no se conoce, por eso es necesario conocer la religión para llegar a conocer a Dios, a través de su Palabra, de los Sacramentos, de la oración y de las enseñanzas de la Iglesia (y que Él se te revele, si quiere). Por otra parte, yo soy un miserable, pero mi experiencia del Amor de Dios es maravillosa. Si todos pudieramos ver a Dios tal y como es, no podríamos dejar de amarlo, sería imposible no amarlo, por eso creo que Dios se esconde a nuestros ojos, para que lo amemos en libertad. Lo cual es algo extraño, pero es así. Ojalá que, como en las películas, yo pudiese tocar a la gente y que viesen mi trayectoria vital, alucinarían al ver lo que Dios ha hecho en mi vida. (¿Cómo describirle a un ciego el color rojo?, es algo difícil, ¿cómo describirle a alguien que no ha tenido mi experiencia mi experiencia,? imposible.)
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4º De la religión dimana una moral (o una ética, si lo prefieres).
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No sé que razones tendrá un neopagano moderno para querer ser una persona honrada y buena. .
Creo que el puro sentido del deber kantiano es un argumento bastante débil. Querer ser bueno para ser feliz tampoco es mal argumento (aunque, ¿qué razones tienen para no hacer el mal, le castigo de la ley, en los casos graves?).
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Pero para un cristiano la honradez debe de ser un sello de indentidad. El santo, que es verdadero cristiano, destaca por vivir en virtudes heróicas.
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El Cielo, que es estar con Dios para siempre, en una felicidad eterna. Consiste en hacer el bien a ti y a los demás, cumplir con tu deber, cumplir los mandamientos, destacar en las virtudes. No es algo que se consiga por las propias fuerzas; es un camino que te va marcando la gracia de Dios, que se va dando por una relación personal con Dios a lo largo de tu vida.
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La otra cara de la moneda es el infierno, que es un lugar de condenación eterna, para un creyente, tienen mucho más peso específico para querer comportarse honradamente. El pecado te puede conducir al infierno y por eso hay que tratar de no pecar.
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El hecho de que una persona sea santa y cumpla con los preceptos morales es algo que viene de una respuesta a un encuentro personal con Dios. Moral sin Dios es un fracaso. Pero el cristianismo tiene una moral muy fuerte y un verdadero cristiano quiere ser bueno y santo con toda su alma.
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Todos estamos dañados por el pecado, que hay mal en el mundo es indudable.
.
Consultad el diario de santa Faustina Kowalska, que describe el infierno y habla de refilón del Cielo y no penséis en las ñoñerías tradicionales que están en el imaginario colectivo sobre el Cielo y el Infierno. No es una cosa sobre la que bromear.
.
El infierno es algo terrible; no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
.
En esta vida te juegas el dónde vas a acabar en la otra (esto tiene una fuerza de convicción enorme para un creyente porque tarde o temprano te mueres y pasas por el juicio de Dios).
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Es importante estudiar religión cristiana, para tratar de conocer a Dios y aprender moral, es decir, cómo comportarte honradamente y ser bueno.
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5º Si todos tuviesemos la misma moral (y consideráramos las mismas cosas como buenas y las mismas cosas como malas) no habría problema en que se enseñase religión católica a todo el mundo, pero hay gente que tiene una visión equivocada en algunos aspectos morales. Ven cosas malas como buenas. Por ejemplo, para muchos la sexualidad desordenada no es pecado y, según la Virgen de Fátima, muchos se condenan por los pecados de la carne. El problema está en la gente que quiere imponer una moral inmoral o torcida a los chavales. Este choque de visiones es problemático.
.
Lo mínimo que pido es que quien se quiera educar en católico se le eduque católicamente (y los paganos que se apañen como puedan). El que quiera religión, que de religión y el que quiera educación para la ciudadanía o filosofía o ética, que dé lo que quiera (pero que dejen en paz a los católicos). Lo cierto es que urge enseñar religión bien enseñada.
.
La tesis moderna es enseñar en los institutos de enseñanza secundaria una cultura general y las bases para entrar en la universidad para hacer una carrera. Y luego en la carrera universitaria te enseñan un oficio. (Dejo de lado FP). Y la honradez de las personas se presupone que surge sóla, como las setas, o te la enseñan en tu casa... pues mal. Se debe dar más peso a enseñar a las personas a ser honradas... Por eso es necesaria la enseñanza de religión, porque el que se lo cree quiere ser buena persona.
.
6º Si la religión que se enseña, es como la que me enseñaron a mí, mal asunto; se presuponía que había nivel en el alumnado y con 17 años me daban cosas de Nietzsche, Feuerbach, etc. Eso no es esencial, es apologética; y yo no conocía ni lo básico y me estaba alejando de Dios. Se debe enseñar lo esencial: evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan + Catecismo de la Iglesia Católica.
.
El otro factor importante es que el profesor de religión sea bueno (es decir, una persona santa), si este otro factor falla, la enseñanza de religión en esos cursos es un fracaso. (Que el profesor de religión sea santo es difícil).
.
7º Se debería de enseñar por lo menos 3 horas semanales de religión en los colegios, desde la infancia infantil hasta que terminas el instituto con 18 años. Educación para la ciudadanía no tiene sentido como asignatura con la enseñanza de religión, de hecho es la versión socialista de la asignatura de religión. Los contenidos de educación para la ciudadanía se pueden dar dentro de la asignatura de religión católica cristianizados, ya sea como moral católica o como doctrina social de la Iglesia. Los que no quieran religión que tengan la alternativa de lo que les de la gana.
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8º Se debería enseñar religión en la universidad. Una asignatura cada curso, (con la carrera universitaria te enseñan un oficio, con la asignatura de religión te enseñan a ser honrado en tu vida personal).
.
9º Por mucha enseñanza de religión que haya, si hay falta de oración, las personas se acaban alejando de Dios y la enseñanza de religión no sirve para nada. La oración personal es esencial en la vida cristiana y esto deberían de tenerlo en cuenta los colegios católicos incorporando pequeños tiempos de oración y promoviendo grupos de oración en los tiempos libres.
.
10º Entiendo que a cada persona se le tiene que enseñar su religión (a los católicos la católica, a los evangélicos la evangélica, a los judíos la judía, etc). El que no quiera ninguna religión y se empeñe en ello que dé asignaturas de filosofía, ética y psicología, que en el fondo, bien enfocadas, también se plantean las mismas cuestiones que la religión: el sentido de la vida, la busqueda de la verdad, etc. (pero sin tener a Dios, es decir, que pierden lo esencial). LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN ES MUY IMPORTANTE.
.
En resumen: te deben enseñar tu oficio y religión (para conocer a Dios y amarle, para la salvación de tu alma y la de los demás y para que las personas traten de ser honradas y hacer una sociedad más justa).
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Quizá hoy nadie haga caso de mis palabras, pero cuando vuelva Cristo, y se instaure el reino de Dios, habrá un sistema de enseñanza que superará con creces el actual, e incluirá un buen sistema de enseñanza de religión.
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[Rematando, hay algo en el artículo que escribí ayer, que era más duro que este, que no quiero dejar de escribir, y es que no valgo nada y soy un mierda. Dios bien lo sabe. Y el día en que todos nos muramos dentro de 100 años, ya en la otra vida, veréis mi historia personal y os asquearéis. Pero sé lo que es el infierno y no quiero que ninguna persona vaya allí, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. La salvación de nuestra alma está en juego y eso es lo más importante, porque todo pasa y la vida, cuando te quieres dar cuenta se te acaba y al final está la eternidad, en el Cielo o en el Infierno, así que los creyentes, intentad ser santos, que se necesitan muchos santos en esta época tan difícil; no por nuestras propias fuerzas, sino clamando a Dios que nos ayude a serlo todos los días].
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4º De la religión dimana una moral (o una ética, si lo prefieres).
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No sé que razones tendrá un neopagano moderno para querer ser una persona honrada y buena. .
Creo que el puro sentido del deber kantiano es un argumento bastante débil. Querer ser bueno para ser feliz tampoco es mal argumento (aunque, ¿qué razones tienen para no hacer el mal, le castigo de la ley, en los casos graves?).
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Pero para un cristiano la honradez debe de ser un sello de indentidad. El santo, que es verdadero cristiano, destaca por vivir en virtudes heróicas.
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El Cielo, que es estar con Dios para siempre, en una felicidad eterna. Consiste en hacer el bien a ti y a los demás, cumplir con tu deber, cumplir los mandamientos, destacar en las virtudes. No es algo que se consiga por las propias fuerzas; es un camino que te va marcando la gracia de Dios, que se va dando por una relación personal con Dios a lo largo de tu vida.
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La otra cara de la moneda es el infierno, que es un lugar de condenación eterna, para un creyente, tienen mucho más peso específico para querer comportarse honradamente. El pecado te puede conducir al infierno y por eso hay que tratar de no pecar.
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El hecho de que una persona sea santa y cumpla con los preceptos morales es algo que viene de una respuesta a un encuentro personal con Dios. Moral sin Dios es un fracaso. Pero el cristianismo tiene una moral muy fuerte y un verdadero cristiano quiere ser bueno y santo con toda su alma.
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Todos estamos dañados por el pecado, que hay mal en el mundo es indudable.
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Consultad el diario de santa Faustina Kowalska, que describe el infierno y habla de refilón del Cielo y no penséis en las ñoñerías tradicionales que están en el imaginario colectivo sobre el Cielo y el Infierno. No es una cosa sobre la que bromear.
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El infierno es algo terrible; no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
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En esta vida te juegas el dónde vas a acabar en la otra (esto tiene una fuerza de convicción enorme para un creyente porque tarde o temprano te mueres y pasas por el juicio de Dios).
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Es importante estudiar religión cristiana, para tratar de conocer a Dios y aprender moral, es decir, cómo comportarte honradamente y ser bueno.
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5º Si todos tuviesemos la misma moral (y consideráramos las mismas cosas como buenas y las mismas cosas como malas) no habría problema en que se enseñase religión católica a todo el mundo, pero hay gente que tiene una visión equivocada en algunos aspectos morales. Ven cosas malas como buenas. Por ejemplo, para muchos la sexualidad desordenada no es pecado y, según la Virgen de Fátima, muchos se condenan por los pecados de la carne. El problema está en la gente que quiere imponer una moral inmoral o torcida a los chavales. Este choque de visiones es problemático.
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Lo mínimo que pido es que quien se quiera educar en católico se le eduque católicamente (y los paganos que se apañen como puedan). El que quiera religión, que de religión y el que quiera educación para la ciudadanía o filosofía o ética, que dé lo que quiera (pero que dejen en paz a los católicos). Lo cierto es que urge enseñar religión bien enseñada.
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La tesis moderna es enseñar en los institutos de enseñanza secundaria una cultura general y las bases para entrar en la universidad para hacer una carrera. Y luego en la carrera universitaria te enseñan un oficio. (Dejo de lado FP). Y la honradez de las personas se presupone que surge sóla, como las setas, o te la enseñan en tu casa... pues mal. Se debe dar más peso a enseñar a las personas a ser honradas... Por eso es necesaria la enseñanza de religión, porque el que se lo cree quiere ser buena persona.
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6º Si la religión que se enseña, es como la que me enseñaron a mí, mal asunto; se presuponía que había nivel en el alumnado y con 17 años me daban cosas de Nietzsche, Feuerbach, etc. Eso no es esencial, es apologética; y yo no conocía ni lo básico y me estaba alejando de Dios. Se debe enseñar lo esencial: evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan + Catecismo de la Iglesia Católica.
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El otro factor importante es que el profesor de religión sea bueno (es decir, una persona santa), si este otro factor falla, la enseñanza de religión en esos cursos es un fracaso. (Que el profesor de religión sea santo es difícil).
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7º Se debería de enseñar por lo menos 3 horas semanales de religión en los colegios, desde la infancia infantil hasta que terminas el instituto con 18 años. Educación para la ciudadanía no tiene sentido como asignatura con la enseñanza de religión, de hecho es la versión socialista de la asignatura de religión. Los contenidos de educación para la ciudadanía se pueden dar dentro de la asignatura de religión católica cristianizados, ya sea como moral católica o como doctrina social de la Iglesia. Los que no quieran religión que tengan la alternativa de lo que les de la gana.
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8º Se debería enseñar religión en la universidad. Una asignatura cada curso, (con la carrera universitaria te enseñan un oficio, con la asignatura de religión te enseñan a ser honrado en tu vida personal).
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9º Por mucha enseñanza de religión que haya, si hay falta de oración, las personas se acaban alejando de Dios y la enseñanza de religión no sirve para nada. La oración personal es esencial en la vida cristiana y esto deberían de tenerlo en cuenta los colegios católicos incorporando pequeños tiempos de oración y promoviendo grupos de oración en los tiempos libres.
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10º Entiendo que a cada persona se le tiene que enseñar su religión (a los católicos la católica, a los evangélicos la evangélica, a los judíos la judía, etc). El que no quiera ninguna religión y se empeñe en ello que dé asignaturas de filosofía, ética y psicología, que en el fondo, bien enfocadas, también se plantean las mismas cuestiones que la religión: el sentido de la vida, la busqueda de la verdad, etc. (pero sin tener a Dios, es decir, que pierden lo esencial). LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN ES MUY IMPORTANTE.
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En resumen: te deben enseñar tu oficio y religión (para conocer a Dios y amarle, para la salvación de tu alma y la de los demás y para que las personas traten de ser honradas y hacer una sociedad más justa).
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Quizá hoy nadie haga caso de mis palabras, pero cuando vuelva Cristo, y se instaure el reino de Dios, habrá un sistema de enseñanza que superará con creces el actual, e incluirá un buen sistema de enseñanza de religión.
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[Rematando, hay algo en el artículo que escribí ayer, que era más duro que este, que no quiero dejar de escribir, y es que no valgo nada y soy un mierda. Dios bien lo sabe. Y el día en que todos nos muramos dentro de 100 años, ya en la otra vida, veréis mi historia personal y os asquearéis. Pero sé lo que es el infierno y no quiero que ninguna persona vaya allí, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. La salvación de nuestra alma está en juego y eso es lo más importante, porque todo pasa y la vida, cuando te quieres dar cuenta se te acaba y al final está la eternidad, en el Cielo o en el Infierno, así que los creyentes, intentad ser santos, que se necesitan muchos santos en esta época tan difícil; no por nuestras propias fuerzas, sino clamando a Dios que nos ayude a serlo todos los días].
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sábado 24 de diciembre de 2011
TEOLOGÍA-FICCIÓN.
IMAGEN: La adoración de los magos de Rubens (s. XVII). Museo del Prado..
Aunque no es muy navideño, si no escribo este post exploto.
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Algunas personas hacen teología-ficción diciendo: "Si María hubiese dicho que no a Dios, entonces, Dios hubiese elegido a otra, etc"
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Vamos a ver: hay algo de barrabasada en la frasecita.
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Reflexionando sobre el tema:
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¿Un maestro de la pintura, el mejor pintor del mundo, hubiese renunciado a hacer el retrato más importante de su vida?
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¿El mejor filólogo del mundo, especialista en griego, se negaría a traducir una obra nueva que apareciese en un monasterio oriental, la obra más importante de su vida?
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¿El mejor cirujano del mundo se negaría a operar el mayor desafío médico que jamás le ha llegado?
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¿El mejor corredor del mundo se negaría a competir en las olimpiadas internacionales?
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¿El mejor cocinero del mundo se negaría a cocinar para los mejores gourmets internacionales?
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¿El mejor piloto de carreras se negaría a coger el avión más rápido jamás creado?
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¿El mejor escritor del mundo se negaría a escribir su mejor novela?
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¿El mejor en cada vocación se negaría a tomar el mayor desafío profesional de su carrera?
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¿La mujer más buena que jamás ha existido y existirá en el mundo se negaría a ser la madre de Dios? No.
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Era imposible que la Virgen le dijese que no al Señor. Su sí está escrito en el Evangelio y es inamovible. Así que, que no me vengan con teología-ficción; es irreverente.
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Por otra parte Dios también nos la dio como Madre a nosotros, así que a disfrutar de ella.
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miércoles 21 de diciembre de 2011
VENI VENI EMMANUEL, FELIZ NAVIDAD...
FELIZ NAVIDAD a todos mis lectores, les deseo unas fiestas llenas de alegría en el gozo del Señor. Que disfruten del Señor, de la Iglesia, de la familia, de los amigos, del turrón, del cava y de los belenes. Que el niño Jesús nazca de nuevo en sus corazones.
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No sé si escribiré nada más adelante...
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Por eso les dedico este himno navideño que nos puso el profesor en clase de latín el pasado martes. La versión de esta cantante es moderna y me parece que tiene un aire a la música celta, pero el himno aparece por primera vez en el Catholicarum Psalteriolum Cantionum (Colonia 1710), y se suele cantar entre el 17 y el 23 de diciembre.
.
.
.
Para ver una versión más clásica de esta canción mirad este enlace.
.
VENI VENI EMMANUEL = VEN, VEN, EMMANUEL
.
Veni, O Sapientia,
quae hic disponis omnia,
veni, viam prudentiae
ut doceas et gloriae.
.
Ven, oh Sabiduría
que aquí dispones todo
ven, para enseñar el camino de la sabiduría y la gloria.
.
R: Gaude! Gaude! Emmanuel,
nascetur pro te Israel!
.
¡Alégrate, Alégrate!
El Emmanuel nacerá por ti Israel.
.
Veni, veni, Adonai,
qui populo in Sinai
legem dedisti vertice
in maiestate gloriae. R.
.
Ven, ven, Adonai,
que diste al pueblo la ley
en la cumbre del monte Sinai
en la majestad de tu gloria.
.
Veni, O Iesse virgula, [Radix]
ex hostis tuos ungula,
de spectu tuos tartari
educ et antro barathri. R.
.
Ven, Oh varita de Jesé (virga= vara; virgula= varita)
saca a los tuyos de la pezuña de tu enemigo,
de la cueva del abismo (tártaro)
de la gruta del infierno (báratro)
.
Veni, Clavis Davidica,
regna reclude caelica,
fac iter tutum superum,
et claude vias inferum. R.
.
Ven, llave de David,
abre el reino de los Cielos
haz sin peligro el camino del Cielo
y cierra el camino del infierno.
.
Veni, veni O Oriens,
solare nos adveniens,
noctis depelle nebulas,
dirasque mortis tenebras. R.
.
Ven, ven, Oh Oriente
que vienes a consolarnos,
auyenta las tinieblas de la noche
y las horrorosas tinieblas de la muerte
.
Veni, veni, Rex Gentium,
veni, Redemptor omnium,
ut salvas tuos famulos
peccati sibi conscios. R.
.
Ven, ven, rey de los pueblos
ven, redentor de todos,
a salvar a tus siervos
sabedores para sí de su pecado.
.
Veni, veni, Emmanuel
captivum solve Israel,
qui gemit in exsilio,
privatus Dei Filio. R.
.
Ven, ven, Emmanuel
libera al cautivo Israel
que gime en el exilio
privado del Hijo de Dios.
.
ERO CRAS = Estaré mañana.
.
Es un acróstico:
.
Emmanuel
Rex gentium
Oriens
.
Clavis Davidica
Radix
Adonai
Sapientia
.
.
He copiado la letra en latín de esta página web, para no tener que transcribirla.
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No sé si escribiré nada más adelante...
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Por eso les dedico este himno navideño que nos puso el profesor en clase de latín el pasado martes. La versión de esta cantante es moderna y me parece que tiene un aire a la música celta, pero el himno aparece por primera vez en el Catholicarum Psalteriolum Cantionum (Colonia 1710), y se suele cantar entre el 17 y el 23 de diciembre.
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Para ver una versión más clásica de esta canción mirad este enlace.
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VENI VENI EMMANUEL = VEN, VEN, EMMANUEL
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Veni, O Sapientia,
quae hic disponis omnia,
veni, viam prudentiae
ut doceas et gloriae.
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Ven, oh Sabiduría
que aquí dispones todo
ven, para enseñar el camino de la sabiduría y la gloria.
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R: Gaude! Gaude! Emmanuel,
nascetur pro te Israel!
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¡Alégrate, Alégrate!
El Emmanuel nacerá por ti Israel.
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Veni, veni, Adonai,
qui populo in Sinai
legem dedisti vertice
in maiestate gloriae. R.
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Ven, ven, Adonai,
que diste al pueblo la ley
en la cumbre del monte Sinai
en la majestad de tu gloria.
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Veni, O Iesse virgula, [Radix]
ex hostis tuos ungula,
de spectu tuos tartari
educ et antro barathri. R.
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Ven, Oh varita de Jesé (virga= vara; virgula= varita)
saca a los tuyos de la pezuña de tu enemigo,
de la cueva del abismo (tártaro)
de la gruta del infierno (báratro)
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Veni, Clavis Davidica,
regna reclude caelica,
fac iter tutum superum,
et claude vias inferum. R.
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Ven, llave de David,
abre el reino de los Cielos
haz sin peligro el camino del Cielo
y cierra el camino del infierno.
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Veni, veni O Oriens,
solare nos adveniens,
noctis depelle nebulas,
dirasque mortis tenebras. R.
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Ven, ven, Oh Oriente
que vienes a consolarnos,
auyenta las tinieblas de la noche
y las horrorosas tinieblas de la muerte
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Veni, veni, Rex Gentium,
veni, Redemptor omnium,
ut salvas tuos famulos
peccati sibi conscios. R.
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Ven, ven, rey de los pueblos
ven, redentor de todos,
a salvar a tus siervos
sabedores para sí de su pecado.
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Veni, veni, Emmanuel
captivum solve Israel,
qui gemit in exsilio,
privatus Dei Filio. R.
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Ven, ven, Emmanuel
libera al cautivo Israel
que gime en el exilio
privado del Hijo de Dios.
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ERO CRAS = Estaré mañana.
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Es un acróstico:
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Emmanuel
Rex gentium
Oriens
.
Clavis Davidica
Radix
Adonai
Sapientia
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He copiado la letra en latín de esta página web, para no tener que transcribirla.
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miércoles 14 de diciembre de 2011
DECIR SIEMPRE LA VERDAD
“…33 Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: "No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor". 34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. 36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 37 Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno…” Mateo 5, 33-37
.
“…12 Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan «sí», sea sí; y cuando digan «no», sea no, para no ser condenados…” Santiago 5, 12
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La mentalidad del juramento es: yo puedo mentir o decir la verdad, habitualmente, pero cuando juro –jurar significa poner a Dios por testigo- tengo que decir la verdad obligatoriamente. El juramento me obliga a hacerlo y si no lo hiciese cometería un grave pecado de perjurio.
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Sin embargo, yo entiendo que Jesús en este pasaje quiere decir: “di siempre la verdad, de tal manera que no sea necesario que jures”; literalmente “cuando ustedes digan sí, que sea sí y cuando digan no, que sea no”, porque mentir es pecado y Dios aborrece el pecado (aunque se pequeño). Hay que tratar de ser santos.
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Veréis, yo siempre he sido un mentiroso, incluso cuando cristiano, pero le pido a Dios perdón por ese pecado tan grave y que me de la gracia de decir siempre la verdad desde ahora hasta el día de mi muerte.
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Hay otro pasaje de San Pablo interesante:
.
“…25 Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros…” Efesios 4, 25
.
También la ley de Dios dice en el octavo mandamiento:
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No dirás falso testimonio ni mentirás. ( “…No darás falso testimonio contra tu prójimo…” Éxodo 20, 16 y Deuteronomio 5, 20)
.
Satanás es el padre de la mentira (Juan 8, 44), si queremos por Padre a Dios y no ha Satanás, mejor no mentir.
.
“…11 Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. 12 Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. 13 Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. 14 Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. 15 Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. 16 Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. 17 Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…” Efesios 6, 11-17
.
Ceñirse el cinturón de la verdad quiere decir no decir mentiras nunca.
.
En el Antiguo Testamento dice:
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"...12 Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor.
13 El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe..." Sofonías 3, 12-13
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Decir siempre la verdad no quiere decir que uno tenga que decir siempre lo que uno piensa, simplemente es no engañar al prójimo:
.
"...27 Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él28 y le dijeron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?».29 Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.30 Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?».31 Ellos se hacían este razonamiento: «Si contestamos: "Del cielo", él nos dirá: "¿Por qué no creyeron en él"?.32 ¿Diremos entonces: "De los hombres"?». Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta,33 respondieron a Jesús: «No sabemos». Y él les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas»..." Marcos 11, 27-33
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“…12 Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan «sí», sea sí; y cuando digan «no», sea no, para no ser condenados…” Santiago 5, 12
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La mentalidad del juramento es: yo puedo mentir o decir la verdad, habitualmente, pero cuando juro –jurar significa poner a Dios por testigo- tengo que decir la verdad obligatoriamente. El juramento me obliga a hacerlo y si no lo hiciese cometería un grave pecado de perjurio.
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Sin embargo, yo entiendo que Jesús en este pasaje quiere decir: “di siempre la verdad, de tal manera que no sea necesario que jures”; literalmente “cuando ustedes digan sí, que sea sí y cuando digan no, que sea no”, porque mentir es pecado y Dios aborrece el pecado (aunque se pequeño). Hay que tratar de ser santos.
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Veréis, yo siempre he sido un mentiroso, incluso cuando cristiano, pero le pido a Dios perdón por ese pecado tan grave y que me de la gracia de decir siempre la verdad desde ahora hasta el día de mi muerte.
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Hay otro pasaje de San Pablo interesante:
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“…25 Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros…” Efesios 4, 25
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También la ley de Dios dice en el octavo mandamiento:
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No dirás falso testimonio ni mentirás. ( “…No darás falso testimonio contra tu prójimo…” Éxodo 20, 16 y Deuteronomio 5, 20)
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Satanás es el padre de la mentira (Juan 8, 44), si queremos por Padre a Dios y no ha Satanás, mejor no mentir.
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“…11 Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. 12 Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. 13 Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. 14 Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. 15 Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. 16 Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. 17 Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…” Efesios 6, 11-17
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Ceñirse el cinturón de la verdad quiere decir no decir mentiras nunca.
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En el Antiguo Testamento dice:
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"...12 Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor.
13 El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe..." Sofonías 3, 12-13
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Decir siempre la verdad no quiere decir que uno tenga que decir siempre lo que uno piensa, simplemente es no engañar al prójimo:
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"...27 Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él28 y le dijeron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?».29 Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.30 Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?».31 Ellos se hacían este razonamiento: «Si contestamos: "Del cielo", él nos dirá: "¿Por qué no creyeron en él"?.32 ¿Diremos entonces: "De los hombres"?». Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta,33 respondieron a Jesús: «No sabemos». Y él les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas»..." Marcos 11, 27-33
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jueves 8 de diciembre de 2011
DE LAS GLORIAS DE MARÍA: SOBRE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Este fragmento que voy a citar está copiado de Las Glorias de María de San Alfonso María de Ligorio:
4. María debía ser preservada a de la culpa
Es verdad averiguada, que no se ha concedido ninguna gracia a ninguna
criatura de la que no esté enriquecida la Santísima Virgen. Afirma san Bernardo: “Lo
que consta que se ha otorgado a aluno de los mortales, hay que creer que no se ha
negado a tan excelsa Virgen”. Y santo Tomás de Villanueva dice: “Nunca se ha
concedido nada a un santo, que no lo posea de manera más abundante, desde el
principio de su existencia, la Virgen María”. Siendo verdad que entre la Madre de
Dios y los siervos de Dios hay una distancia infinita, como dice san Juan
Damasceno, ciertamente hay que decir, como enseña santo Tomás, que Dios ha
conferido gracias privilegiadas, siempre de orden superior a la madre que a los
siervos. San Anselmo, gran defensor de la Inmaculada, afirma a modo de pregunta:
“¿Acaso no podía la Sabiduría de Dios preparar para su Hijo un hospedaje limpio,
preservándola de toda mancha del género humano? Dios ha podido conservar
limpios a los ángeles del cielo entre la ruina de tantos otros y ¿no habrá podido
preservar a la Madre de su Hijo y reina de los ángeles, de la universal caída de los
hombres?” Y yo añado: ¿Dios ha podido también dar a Eva la gracia de venir a la
existencia inmaculada, y no iba a poder concedérsela a María?
Dios ha podido hacerlo y lo ha hecho. “Era lo justo –dice san Anselmo– que
esa Virgen que Dios había dispuesto dar por Madre a su único Hijo, estuviera
dotada de tal pureza, que no sólo fuera superior a la de todos los hombres y ángeles
juntos, sino que fuera la mayor que pueda darse después de la pureza de Dios”. Y
san Juan Damasceno precisa: “Dios veló sobre el cuerpo y el alma de la Virgen
como convenía guardar a la que había de recibir a Dios en su seno, pues siendo
como es Santo, descansa entre los santos”. Bien pudo decir el Padre eterno a esta
su amada Hija: “Como lirio entre espinas, así es mi amada entre los jóvenes” (Ct 2,
2), porque todas ellas están manchadas con el pecado, pero tú fuiste siempre
inmaculada, siempre amiga.
PUNTO 2º
1. María preservada por su Hijo
Convino en segundo lugar, que el Hijo preservara a María del pecado, como
a Madre suya. Ningún nacido ha podido elegirse la madre a su placer. Si esto fuera
posible ¿quién sería el que pudiendo tener por madre a una reina la escogiera
esclava? ¿pudiendo tenerla noble la eligiera plebeya? ¿pudiendo tenerla amiga de
Dios la escogiera su enemiga? Pues si sólo el Hijo de Dios pudo elegirse la madre
como más le agradaba, bien claro está que tuvo que elegirla y hacerla tal cual
convenía para Dios. Así piensa san Bernardo. Y siendo lo más decente para el Dios
purísimo tener una madre limpia de toda culpa, así la hizo. Dice san Bernardino de
Siena: “Hay una tercera forma de santificación que es la maternal, y es la que
remueve toda culpa original. Esto sucedió en la Santísima Virgen. En verdad que
Dios se preparó tal madre, tanto por las perfecciones de su naturaleza, como por las
excelencias de la gracia, cual debía de ser su propia madre”. Con esto se relaciona
lo que escribe el apóstol: “Así convenía que fuera nuestro Pontífice, santo, inocente,
inmaculado, segregado de los pecadores” (Hb 7, 26). Advierte un autor que
conforme a san Pablo, nuestro Redentor, no sólo tenía que estar inmune de pecado,
sino también segregado de los pecadores “en cuanto a la culpa del primer padre
Adán que subyace en todos”, como explica santo Tomás. Pero ¿cómo podía
Jesucristo llamarse segregado de los pecadores si hubiera tenido una madre
pecadora?
Afirma san Ambrosio: “No en la tierra sino en el cielo se eligió Dios este
vaso para descender a él; y lo consagró como templo de la pureza”. El santo aquí
alude a la sentencia de san Pablo: “El primer hombre, hecho de tierra era terreno; el
segundo hombre, el que viene del cielo, es celestial” (1Co 15, 47). San Ambrosio
llama a la Madre de Dios “Vaso celestial”, no porque María no fuera de la tierra ni
fuera de naturaleza humana, como deliraron algunos herejes, sino porque es
celestial por gracia, muy superior a los ángeles en santidad y pureza, como
convenía a un Rey de la gloria que debía habitar en su seno. Así lo reveló el
Bautista a santa Brígida: “El Rey de la gloria debía descender a un vaso purísimo y
perfectísimo, superior a los ángeles y santos”. María fue concebida sin pecado para
que de ella naciese sin contacto con la culpa, el Hijo de Dios. No porque Jesucristo
hubiera podido contagiarse con la culpa, sino para que no sufriera el oprobio de
tener una madre infectada por el pecado y que había sido esclava del demonio.
Dice el Espíritu Santo: “Gloria del hombre es la honra del padre, y deshonor
del hijo un padre sin honra” (Ecclo 3, 13). Por lo cual –dice san Agustín– “Jesús
preservó de la corrupción el cuerpo de María, porque redundaba en desdoro suyo
que se corrompiera la carne virginal que él había tomado”. Pues si sería oprobio
para Jesucristo nacer de una madre cuyo cuerpo estuviera sujeto a la corrupción
¿cuánto más el haber nacido de una madre infectada de la podredumbre del
pecado? Y esto tanto más que la carne de Cristo es la misma que la de María; de
modo que, como dice el mismo santo, aunque fue glorificada por la resurrección,
permanece la misma que asumió de María. Dice Arnoldo de Chartres que son una y
la misma carne la de Cristo y la de María, de modo que la gloria de Cristo no sólo es
compartida con la gloria de la Madre, sino que es la misma. Siendo todo esto
verdad, si la Santísima Virgen hubiera sido concebida en pecado, aun cuando el Hijo
no hubiera contraído esa culpa, siempre sería cierta mancha haber unido a la suya
la carne algún tiempo manchada por la culpa, vaso de inmundicia y sujeta a Lucifer.
2. María debía ser digna madre de Jesús
María no sólo fue madre, sino digna madre del Salvador. Así la proclaman
todos los santos padres. San Bernardo le dice: “Tú sola has sido hallada digna de
que en tu virginal palacio pusiera su primera mansión el Rey de reyes”. Y santo
Tomás de Villanueva: “Antes de haber concebido ya era idónea para ser madre de
Dios”. La misma santa Iglesia nos enseña que mereció ser madre de Jesucristo: “Oh
bienaventurada Virgen, cuyas entrañas merecieron llevar a Cristo el Señor”. Esto así
lo explica santo Tomás: “Se dice que la Bienaventurada Virgen mereció llevar al
Señor de todas las cosas, no porque mereciera que él se encarnara, sino porque
mereció, correspondiendo a la gracia que se le daba, aquel grado de pureza y
santidad apropiado para ser convenientemente Madre de Dios”. Cosa que también
escribe san Pedro Damiano: “Su singular santidad y gracia le mereció ser juzgada la
única digna de engendrar en su seno a Dios”.
Por tanto, si María fue digna Madre de Dios –exclama santo Tomás de
Villanueva– ¿qué excelencia y qué perfección no tendría que atesorar su alma para
poder ser la Madre de Dios?
Enseña el mismo doctor Angélico, que cuando Dios elige a alguno para
determinada dignidad, lo hace idóneo para ella; y, en consecuencia, habiendo
elegido a María por su madre, ciertamente que la hizo digna con su gracia, conforme
al Evangelio: “Has encontrado gracia ante el Señor. He aquí que concebirás y darás
a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús” (Lc 1, 30-31). De lo que concluye el
santo que la Virgen no cometió ningún pecado actual ni siquiera venial; de otra
manera no hubiera sido digna madre de Jesucristo, porque la ignominia de la madre
hubiera sido también del Hijo por tener una madre pecadora. Pues si María no
hubiera sido idónea Madre de Dios si hubiera cometido un solo pecado venial que
no priva al alma de la gracia divina, cuánto más indigna hubiera sido de haber
incurrido en el pecado original que la habría convertido en enemiga de Dios y
esclava del demonio. Por eso san Agustín proclamó aquella célebre sentencia:
“Exceptúo siempre a la Santísima Virgen María, a la cual, por el honor del Señor no
tolero ni que se nombre cuando se trata de su posible relación con el pecado. Pues
bien sabemos que a ella se le concedió gracia de sobra para vencer absolutamente
al pecado, siendo la que mereció concebir y dar a luz al que consta que no tuvo
ningún pecado”.
Así que debemos tener por cierto que el Verbo Encarnado se eligió la madre
cual le convenía y de la que no se tuviera que avergonzar, como dice san Pedro
Damiano. Y Proclo dice: “Habitó en las entrañas que había creado sin sombra de
mancha”. No fue para Jesús motivo de sonrojo oírse llamar por los judíos
despectivamente, el hijo de María, como si fuera hijo de una mujer pobre. “¿No se
llama su madre María?” (Mt 13, 55). Él había venido a la tierra para dar ejemplo de
humildad y de paciencia. Pero sin duda le hubiera sido insoportable que los
demonios le hubieran podido decir: “¿Acaso tu madre no fue una pecadora en otro
tiempo nuestra esclava?” Hubiera sido indecente para Jesús nacer de una mujer
deforme y contrahecha, o poseída del demonio en cuanto al cuerpo. Pero cuánto
peor sería el haber nacido de una mujer deforme en cuanto al alma y poseída por
Lucifer en lo pasado.
3. María preservada por el honor y deber del Hijo
Nuestro Dios, que es la misma Sabiduría, supo muy bien fabricarse en la
tierra la casa que le convenía y donde debía habitar. “La Sabiduría se edificó una
casa” (Pr 4, 1). “Dios santifica su morada. El Altísimo está en medio de ella, no será
conmovida. Dios la socorre en la mañana” (Sal 45, 5-6). El Señor santificó esta su
mansión desde el principio de su existencia para hacerla digna de él, porque a un
Dios santo no le convenía elegirse una casa que no fuera santa. “La santidad es el
ornato de tu casa” (Sal 95, 2). Si él declara que no entrará jamás a habitar en alma
de mala voluntad ni en cuerpo sujeto al pecado, “en alma falsa no entra la Sabiduría,
ni habita en cuerpo sometido al pecado” (Sb 1, 4). ¿Cómo se puede pensar que el
Hijo de Dios haya elegido para habitar el alma y el cuerpo de María sin antes
santificarla y preservarla de toda mancha de pecado, pues el Verbo habitó no sólo
en el alma sino también en el cuerpo de María? Canta la Iglesia: “No te repugnó
habitar en el seno de la Virgen”. Dios no se hubiera encarnado en el seno de
ninguna otra virgen, porque ellas, aunque santas, estuvieron algún tiempo con la
mancha del pecado original; pero no tuvo inconveniente en hacerse hombre en el
seno de María, porque esta Virgen predilecta estuvo siempre limpia de cualquier
mancha de pecado, y jamás sometida a la serpiente enemiga. Escribe san Agustín:
“Ninguna casa más digna que María se pudo edificar el Hijo de Dios, pues nunca fue
cautiva del enemigo, ni despojada de sus virtudes”.
¿A quién se le ocurre pensar –dice san Cirilo de Alejandría– que un
arquitecto se construya una casa y se la deje para estrenar a su mayor enemigo? El
Señor –afirma san Metodio– que ha dado el precepto de honrar a los progenitores,
al hacerse hombre como nosotros ha tenido que sentirse feliz de observarlo
otorgando a su madre toda gracia y honor. Por eso mismo –dice san Agustín– hay
que creer con toda firmeza que Jesucristo ha preservado de la corrupción del
sepulcro el cuerpo de María, como ya dijimos; porque, además, si no lo hubiera
hecho no hubiera observado la ley que, así como manda honrar a la madre,
reprueba todo lo que sea deshonrarla. Mucho menos hubiera provisto al honor de su
madre si no lo hubiera preservado de la culpa de Adán. Pecaría el hijo que,
pudiendo, no preservara a su madre de pecar. Pues lo que sería pecado en
cualquiera es imposible que lo cometa el Hijo de Dios, y que pudiendo hacer a su
Madre inmaculada, dejara de hacerlo. De ninguna manera –añade Gersón–; si tú,
Rey supremo, quieres tener una Madre tienes que darle todo honor. Y no quedaría
bien cumplido esto, si permitieras que la que tenía que ser santuario de toda pureza
hubiera incurrido en el abominable pecado original.
4. María preservada para ser redimida del modo más perfecto
Por lo demás, es bien sabido que el Hijo de Dios vino al mundo más para
salvar a María que a todos los demás hombres, como escribe san Bernardino de
Siena. Y existiendo dos modos de salvar, como señala san Agustín, uno, levantando
al caído, y otro proveyendo para que no caiga, éste es evidentemente el modo más
excelente; de esta manera se evita el daño y la mancha que contrae el que ha caído
en pecado. Este es el modo más noble de ser salvado y el más apropiado a la
Madre de Dios. Así es necesario creer que fue salvada María. Lo dice san
Buenaventura: “Justo es creer que el Espíritu Santo la salvó y la preservó del
pecado original desde el primer instante de su concepción con una gracia del todo
singular”. El cardenal Cusano dice: “Unos tuvieron quien los libró, pero la Virgen
tuvo quien del pecado la inmunizó”. Los otros tuvieron un Redentor que los libró del
pecado, pero la Santísima Virgen tuvo al Redentor que, por ser su Hijo, la libró de
contraer el pecado.
En fin, concluyamos este punto con la sentencia de Hugo de San Víctor: “El
Cordero fue como la Madre, porque todo árbol se conoce por su fruto”. Si el Cordero
fue siempre inmaculado, siempre inmaculada tuvo que ser también la Madre. Este
mismo doctor saluda a María llamándola así: “¡Oh excelsa Madre de Dios altísimo,
digna Madre del que es más digno, la Madre más hermosa del Hijo más hermoso!”
Quería decir que sólo María es digna Madre de tal Hijo, como sólo Jesús es digno
Hijo de tal Madre. Digámosle con san Ildefonso: “Amamanta, oh María, amamanta a
tu Creador; amamanta al que te hizo tan pura y perfecta que mereciste tomara de ti
tu condición humana.
PUNTO 3º
1. María preservada por ser Esposa del Espíritu Santo
Si el Padre debió preservar a María del pecado por ser su Hija, y el Hijo
debió preservarla porque iba a ser su Madre, también el Espíritu Santo debía
preservarla, pues era su Esposa.
María –dice san Agustín– fue la única que mereció ser llamada madre y
esposa de Dios. Como asegura san Anselmo, “el Espíritu de Dios, vino
corporalmente, por así decirlo, a María, para enriquecerla de gracia sobre todas las
criaturas y moró en ella e hizo a su esposa reina del cielo y de la tierra”. Dice que
vino a ella corporalmente en cuanto a lo inmenso de su amor, pues vino a formar de
su cuerpo inmaculado, el inmaculado cuerpo de Jesús, como lo dijo el Arcángel: “El
Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1, 35). “Por eso –afirma santo Tomás– se le
llama a María templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo, porque por obra del
Espíritu Santo fue transformada en Madre del Verbo Encarnado”.
Si un excelente pintor tuviera la esposa tan bella como él la pintara ¿qué
diligencia no pondría en representarla lo más hermosa que se pudiera imaginar?
¿Quién podrá decir que el Espíritu Santo haya obrado de otro modo con María, y
que pudiendo hacerse esta esposa tan hermosa como él quisiera, no la haya
hecho? La hizo cual le convenía como lo atestigua el mismo Señor cuando,
alabando a María, le dice: “Eres toda hermosa, amiga mía, y no hay mancha alguna
en ti” (Ct 4, 7). Estas palabras, dice san Ildefonso y santo Tomás, se entienden
propiamente de María. Y san Bernardino de Siena, con san Lorenzo Justiniano,
afirma que se refieren precisamente a su Inmaculada Concepción. Por eso el Idiota
le dice: “Eres toda hermosa, Virgen gloriosísima, no en parte sino del todo; y no hay
en ti mancha de pecado ni mortal, ni venial ni original”.
Lo mismo quiso indicar el Espíritu Santo cuando llamó a esta su esposa
huerto cerrado y fuente sellada: “Huerto cerrado eres, hermana y esposa mía,
huerto cerrado y fuente sellada” (Ct 4, 12). María, dice san Jerónimo, es ese huerto
cerrado y esa fuente sellada, porque los enemigos no entraron en ella jamás a
turbarla o a ultrajarla, sino que siempre estuvo ilesa, santa en el alma y en el cuerpo.
Ni con ningún engaño ni fraude pudo prevalecer contra ella el enemigo. San
Bernardo le dice algo parecido: “Tú eres huerto cerrado, en el que no pusieron las
manos los pecadores para arrasarlo”.
2. María, obra maestra y predilecta del Espíritu Santo
Este Esposo divino amó más a María de lo que la pueden amar todos los
ángeles y santos juntos. Él, desde el principio la amó y la exaltó con santidad
superior a la de todos, como lo expresa David: “Su fundación sobre los montes
santos; ama el Señor las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob... Un
hombre ha nacido en ella, quien la funda es el mismo Altísimo” (Sal 86, 1-2-5).
Palabras que parecen significar que María fue santa desde su Inmaculada
Concepción. Lo mismo quiere decir el Espíritu Santo en otros lugares: “Muchas hijas
han amontonado riquezas, pero tú las superas todas” (Pr 31, 29). Y es que María ha
superado a todas en riquezas de gracia porque ha tenido hasta la justicia original,
como la tuvieron los ángeles y Adán y Eva. “Innumerables son las doncellas, única
es mi paloma, mi perfecta. Ella la única de su madre, la preferida de la que la
engendró” (Cr 6, 8-9). El hebreo dice: “íntegra, mi inmaculada”. Todas las almas son
hijas de la gracia divina, pero entre éstas María es la paloma sin la hiel de la culpa,
la perfecta sin mancha original, la única concebida en gracia.
Así es que el Arcángel, antes de ser Madre de Dios, ya la encontró llena de
gracia, que por eso la saludó diciéndole: “Dios te salve, llena de gracia”. Y comenta
Sofronio diciendo que a los demás santos se les da la gracia en parte, mientras que
a la Virgen se le dio del todo. De manera que, como dice santo Tomás, la gracia no
sólo santificó el alma de María, sino también su cuerpo, a fin de que pudiera la
Virgen vestir con él al Verbo eterno. Todo esto lleva a comprender que María desde
el primer instante de su concepción fue enriquecida por el Espíritu Santo con la
plenitud de la gracia. Así argumentó Pedro de Celles: “La plenitud de la gracia se
concentró en ella, porque desde el primer instante de su concepción, por la infusión
del Espíritu Santo, quedó colmada de la gracia de Dios”. Dice san Pedro Damiano:
“Habiendo sido elegida y predestinada por Dios, debía ser por completo poseída por
el Espíritu Santo”. Dice el santo “poseída por completo” como para indicar la
celeridad con que el Divino Espíritu la hizo su esposa sin consentir que Lucifer la
poseyese.
3. María, exenta del débito del pecado
Quiero terminar este discurso en el que me he extendido más que en los
otros, porque nuestra humilde Congregación tiene por su principal patrona a la
Santísima Virgen María precisamente bajo el título de su Inmaculada Concepción.
Quiero terminar resumiendo brevemente las razones que demuestran con toda
certeza esta verdad tan piadosa y de tanta gloria para la Madre de Dios, que ella ha
sido preservada inmune de la culpa original.
Hay muchos doctores que han defendido que María ha estado exenta de
contraer el débito del pecado. Y en efecto, si en la voluntad de Adán como cabeza
de todos los hombres estaban incluidas las voluntades de todos, como sostienen
autores apoyados en el texto de san Pablo: “Todos en Adán pecaron” (Rm 5, 12),
sin embargo María no contrajo la deuda del pecado, porque habiéndola distinguido
Dios con su gracia sobre el común de los hombres, debemos creer que en la
voluntad de Adán al pecar no pudo estar incluida la voluntad de María.
Esta sentencia la abrazo como la más gloriosa para mi Señora. Y tengo por
cierta la sentencia de que María no contrajo el pecado de Adán, y no solamente por
cierta sino como próxima a ser definida como dogma de fe, como lo aseguran
también muchos. Además de las revelaciones que confirman esta sentencia,
especialmente las hechas a santa Brígida, aprobadas por el cardenal Torquemada y
por cuatro sumos Pontífices, como se lee en varios pasajes del libro sexto de dichas
revelaciones. No puede omitir las palabras de los santos padres tan concordes en
reconocer este privilegio a la Madre de Dios. Dice san Ambrosio: “Recíbeme no de
Sara; sino de María para que sea virgen incorruptible, pero virgen, por haber sido
por gracia de Dios inmune de toda mancha de pecado”. Orígenes dice hablando de
María: “No se vio infectada por el aliento de la venenosa serpiente”. San Efrén la
aclama: “Inmaculada y del todo libre de cualquier mancha de pecado”.
San Agustín, comentando las palabras del Ángel: “Dios te salve, llena de
gracia”, escribe: “Con estas palabras se demuestra que estuvo absolutamente
excluida de la ira de la primera sentencia y que recibió la plenitud de toda gracia y
bendición”. San Jerónimo: “Aquella espiritual nube, nunca estuvo en tinieblas, sino
siempre investida de luz”. San Cipriano o quien sea el autor: “No era justo que aquel
vaso de elección estuviera sujeto a la común mancha, porque siendo muy distinta de
los demás, comunicaba con ellos en la naturaleza, pero no en la culpa”. San
Anfiloquio: “El que crió a la primera virgen sin mancha, también creó a la segunda
sin ninguna mancha de pecado”. Sofronio escribe: “La Virgen se llama inmaculada,
porque no tiene ninguna corrupción”. San Ildefonso afirma: “Consta que ella estuvo
inmune del pecado original”. San Juan Damasceno: “La serpiente no tuvo entrada a
este paraíso”. Y san Pedro Damiano: “La carne de la Virgen procede de Adán, pero
no admitió las culpas de Adán”. “Esta es la tierra incorruptible –dice san Bruno– que
bendijo el Señor, libre por tanto de todo contagio de pecado”. San Buenaventura
escribe: “Nuestra Señora estuvo llena de toda gracia previniente en su santificación,
gracia preservadora contra el hedor de la culpa original”. San Bernardino de Siena:
“No se puede creer que el mismo Hijo de Dios quisiera nacer de la Virgen y tomar su
carne si estaba manchada de algún modo con la mancha del pecado original”.
San Lorenzo Justiniano asegura: “Fue colmada de todas las bendiciones
desde su concepción”. El Idiota, glosando las palabras: “Has encontrado gracia”,
dice: “Encontraste gracia muy especial, oh Virgen dulcísima, porque la tuviste desde
que te viste preservada del pecado original”. Y lo mismo dicen tantos doctores.
Pero las razones que aseguran la verdad de esta sentencia en última
instancia son dos. El primero es el consentimiento universal de los fieles. Todas las
Órdenes y Congregaciones de la Iglesia siguen esta sentencia. Pero sobre todo lo
que debe persuadir que nuestra sentencia es conforme al común sentir de los
Católicos, es lo que dice el Papa Alejandro VII en la célebre bula Sollicitudo omnium
ecclesiarum, del año 1661, en que se afirma: Se acrecentó más y se propagó la
piedad y el culto hacia la Madre de Dios... de manera que, poniéndose las
universidades a favor de esta sentencia –es decir, la que afirma la Inmaculada
Concepción– ya casi todos los católicos la abrazan”. Y de hecho esta sentencia la
defienden las universidades de La Sorbona, Alcalá, Salamanca, Coimbra, Colonia,
Maguncia, Nápoles, y de otras muchas, en las que cada doctor se obliga con
juramento a defender a la Inmaculada. Este argumento, escribe el célebre obispo D,
Julio Torni, es del todo convincente, pues si el común sentir de los fieles da certeza
de que María ya era santa desde el seno de su madre, y es garantía de la Asunción
de María en cuerpo y alma al cielo ¿por qué este común sentimiento de los fieles no
ha de garantizar la verdad de su Concepción Inmaculada?
Y el otro argumento que nos certifica la verdad de la exención de la Virgen
de la mancha original, es la celebración universal ordenada por la Iglesia de su
Concepción Inmaculada. Y acerca de esto yo veo por una parte que la Iglesia
celebre el primer instante en que fue creada su alma e infundida en su cuerpo, como
lo declara Alejandro VII en la bula citada, en la que se expresa que la Iglesia da a la
Concepción de María el mismo culto que le da a la piadosa sentencia que afirma es
concebida sin pecado original. Por otra parte entiendo ser cierto que la Iglesia no
puede celebrar nada que no sea santo, conforme lo declaran los papas san León y
san Eusebio que dice: “En la Sede Apostólica siempre se ha conservado sin mancha
la religión católica”. Así lo enseñan todos los teólogos con san Agustín, san
Bernardo y santo Tomás, el cual para probar que María fue santificada antes de
nacer, se sirve del argumento de la celebración de su nacimiento por parte de la
Iglesia, y reflexiona así: “La Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen;
ahora bien, en la Iglesia no se celebra nada que no sea santo; luego la Santísima
Virgen fue santificada en el seno de su madre”. Pues si es cierto que María fue
santificada en el seno de su madre porque la Iglesia celebra su nacimiento ¿por qué
no hemos de tener por cierto que María fue preservada del pecado original desde el
instante de su concepción sabiendo que la Iglesia celebra precisamente esto?
Para confirmar la realidad de este gran privilegio de María son conocidas las
gracias innumerables y prodigiosas que el Señor se complace en otorgar todos los
días en el reino de Nápoles por medio de las estampas de la Inmaculada
Concepción. Podría referir muchas de esas gracias de las cuales han sido testigos
los padres de nuestra misma Congregación, pero quiero referir sólo dos que son
verdaderamente extraordinarias.
EJEMPLO
Dos conversiones logradas por la imagen de la Inmaculada
A una de las residencias de nuestra humilde Congregación en este reino,
vino una mujer a decir a uno de nuestros padres que su marido hacía muchos años
que no se confesaba, y que la pobre no sabía qué hacer para convencerlo, porque
en hablándole de confesión la apaleaba. El padre le dijo que le diera una imagen de
María Inmaculada. Al caer la tarde, la mujer de nuevo le rogó al marido que se
confesara, y como no le hacía caso, le dio la estampa de la Virgen. Y apenas la
recibió le dijo: Bueno ¿cuándo quieres que me confiese? Estoy pronto. La mujer se
puso a llorar de alegría al ver cambio tan repentino. Llegada la mañana fue con su
marido a nuestra iglesia. Al preguntarle el padre cuánto tiempo hacía que no se
confesaba, le respondió que hacía veinte años. “Y ¿qué le movió a venir a
confesar?”, le dijo el padre. “Yo estaba obstinado –le respondió– pero ayer me dio
mi mujer una estampa de nuestra Señora y al instante sentí cambiado el corazón,
tanto que cada momento me parecía mil años esperando que se hiciera el día para
poder venir a confesarme”. Se confesó con gran dolor, cambió de vida y continuó
durante mucho tiempo confesándose con el mismo padre.
En otro lugar de la diócesis de Salerno, mientras dábamos la santa misión,
había un hombre muy enemistado con otro que le había ofendido. Uno de nuestros
padres le habló del perdón de las injurias, pero él le respondió: “Padre ¿me ha visto
en la misión? No; y es por esto. Ya comprendo que estoy condenado, pero no hay
remedio, me tengo que vengar”. El padre se esforzó por convertirlo, pero viendo que
perdía el tiempo le dijo: “Recíbame esta estampa de nuestra Señora”. “Y ¿para qué
quiero esta estampa?”, le respondió; sin embargo, la aceptó. Y al punto, olvidando
sus rencores accedió gustoso a lo que el padre le pedía. “Padre ¿quiere que
perdone a mi enemigo? Estoy pronto a realizarlo”. Y se aplazó la reconciliación para
la mañana siguiente. Mas llegada la mañana había cambiado de propósito y no
quería ni oír hablar de reconciliación. El padre le volvió a ofrecer otra estampa de la
Virgen. Por nada la quería recibir. Por fin, de mala gana, la recibió. Y apenas la tuvo
en la mano dijo: “Se acabó ¿dónde está el notario?” Se hizo la reconciliación y se
confesó.
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De LAS GLORIAS DE MARÍA de San Alfonso María de Ligorio. Este fragmento del libro está tomado de este enlace, para leer el libro entero pinchad en Él. Me tomado la libertad de copiar este fragmento sin ningún permiso de los dueños de la página web. Si los autores de dicha página quieren contactarme pueden hacerlo a la siguiente dirección:
Es verdad averiguada, que no se ha concedido ninguna gracia a ninguna
criatura de la que no esté enriquecida la Santísima Virgen. Afirma san Bernardo: “Lo
que consta que se ha otorgado a aluno de los mortales, hay que creer que no se ha
negado a tan excelsa Virgen”. Y santo Tomás de Villanueva dice: “Nunca se ha
concedido nada a un santo, que no lo posea de manera más abundante, desde el
principio de su existencia, la Virgen María”. Siendo verdad que entre la Madre de
Dios y los siervos de Dios hay una distancia infinita, como dice san Juan
Damasceno, ciertamente hay que decir, como enseña santo Tomás, que Dios ha
conferido gracias privilegiadas, siempre de orden superior a la madre que a los
siervos. San Anselmo, gran defensor de la Inmaculada, afirma a modo de pregunta:
“¿Acaso no podía la Sabiduría de Dios preparar para su Hijo un hospedaje limpio,
preservándola de toda mancha del género humano? Dios ha podido conservar
limpios a los ángeles del cielo entre la ruina de tantos otros y ¿no habrá podido
preservar a la Madre de su Hijo y reina de los ángeles, de la universal caída de los
hombres?” Y yo añado: ¿Dios ha podido también dar a Eva la gracia de venir a la
existencia inmaculada, y no iba a poder concedérsela a María?
Dios ha podido hacerlo y lo ha hecho. “Era lo justo –dice san Anselmo– que
esa Virgen que Dios había dispuesto dar por Madre a su único Hijo, estuviera
dotada de tal pureza, que no sólo fuera superior a la de todos los hombres y ángeles
juntos, sino que fuera la mayor que pueda darse después de la pureza de Dios”. Y
san Juan Damasceno precisa: “Dios veló sobre el cuerpo y el alma de la Virgen
como convenía guardar a la que había de recibir a Dios en su seno, pues siendo
como es Santo, descansa entre los santos”. Bien pudo decir el Padre eterno a esta
su amada Hija: “Como lirio entre espinas, así es mi amada entre los jóvenes” (Ct 2,
2), porque todas ellas están manchadas con el pecado, pero tú fuiste siempre
inmaculada, siempre amiga.
PUNTO 2º
1. María preservada por su Hijo
Convino en segundo lugar, que el Hijo preservara a María del pecado, como
a Madre suya. Ningún nacido ha podido elegirse la madre a su placer. Si esto fuera
posible ¿quién sería el que pudiendo tener por madre a una reina la escogiera
esclava? ¿pudiendo tenerla noble la eligiera plebeya? ¿pudiendo tenerla amiga de
Dios la escogiera su enemiga? Pues si sólo el Hijo de Dios pudo elegirse la madre
como más le agradaba, bien claro está que tuvo que elegirla y hacerla tal cual
convenía para Dios. Así piensa san Bernardo. Y siendo lo más decente para el Dios
purísimo tener una madre limpia de toda culpa, así la hizo. Dice san Bernardino de
Siena: “Hay una tercera forma de santificación que es la maternal, y es la que
remueve toda culpa original. Esto sucedió en la Santísima Virgen. En verdad que
Dios se preparó tal madre, tanto por las perfecciones de su naturaleza, como por las
excelencias de la gracia, cual debía de ser su propia madre”. Con esto se relaciona
lo que escribe el apóstol: “Así convenía que fuera nuestro Pontífice, santo, inocente,
inmaculado, segregado de los pecadores” (Hb 7, 26). Advierte un autor que
conforme a san Pablo, nuestro Redentor, no sólo tenía que estar inmune de pecado,
sino también segregado de los pecadores “en cuanto a la culpa del primer padre
Adán que subyace en todos”, como explica santo Tomás. Pero ¿cómo podía
Jesucristo llamarse segregado de los pecadores si hubiera tenido una madre
pecadora?
Afirma san Ambrosio: “No en la tierra sino en el cielo se eligió Dios este
vaso para descender a él; y lo consagró como templo de la pureza”. El santo aquí
alude a la sentencia de san Pablo: “El primer hombre, hecho de tierra era terreno; el
segundo hombre, el que viene del cielo, es celestial” (1Co 15, 47). San Ambrosio
llama a la Madre de Dios “Vaso celestial”, no porque María no fuera de la tierra ni
fuera de naturaleza humana, como deliraron algunos herejes, sino porque es
celestial por gracia, muy superior a los ángeles en santidad y pureza, como
convenía a un Rey de la gloria que debía habitar en su seno. Así lo reveló el
Bautista a santa Brígida: “El Rey de la gloria debía descender a un vaso purísimo y
perfectísimo, superior a los ángeles y santos”. María fue concebida sin pecado para
que de ella naciese sin contacto con la culpa, el Hijo de Dios. No porque Jesucristo
hubiera podido contagiarse con la culpa, sino para que no sufriera el oprobio de
tener una madre infectada por el pecado y que había sido esclava del demonio.
Dice el Espíritu Santo: “Gloria del hombre es la honra del padre, y deshonor
del hijo un padre sin honra” (Ecclo 3, 13). Por lo cual –dice san Agustín– “Jesús
preservó de la corrupción el cuerpo de María, porque redundaba en desdoro suyo
que se corrompiera la carne virginal que él había tomado”. Pues si sería oprobio
para Jesucristo nacer de una madre cuyo cuerpo estuviera sujeto a la corrupción
¿cuánto más el haber nacido de una madre infectada de la podredumbre del
pecado? Y esto tanto más que la carne de Cristo es la misma que la de María; de
modo que, como dice el mismo santo, aunque fue glorificada por la resurrección,
permanece la misma que asumió de María. Dice Arnoldo de Chartres que son una y
la misma carne la de Cristo y la de María, de modo que la gloria de Cristo no sólo es
compartida con la gloria de la Madre, sino que es la misma. Siendo todo esto
verdad, si la Santísima Virgen hubiera sido concebida en pecado, aun cuando el Hijo
no hubiera contraído esa culpa, siempre sería cierta mancha haber unido a la suya
la carne algún tiempo manchada por la culpa, vaso de inmundicia y sujeta a Lucifer.
2. María debía ser digna madre de Jesús
María no sólo fue madre, sino digna madre del Salvador. Así la proclaman
todos los santos padres. San Bernardo le dice: “Tú sola has sido hallada digna de
que en tu virginal palacio pusiera su primera mansión el Rey de reyes”. Y santo
Tomás de Villanueva: “Antes de haber concebido ya era idónea para ser madre de
Dios”. La misma santa Iglesia nos enseña que mereció ser madre de Jesucristo: “Oh
bienaventurada Virgen, cuyas entrañas merecieron llevar a Cristo el Señor”. Esto así
lo explica santo Tomás: “Se dice que la Bienaventurada Virgen mereció llevar al
Señor de todas las cosas, no porque mereciera que él se encarnara, sino porque
mereció, correspondiendo a la gracia que se le daba, aquel grado de pureza y
santidad apropiado para ser convenientemente Madre de Dios”. Cosa que también
escribe san Pedro Damiano: “Su singular santidad y gracia le mereció ser juzgada la
única digna de engendrar en su seno a Dios”.
Por tanto, si María fue digna Madre de Dios –exclama santo Tomás de
Villanueva– ¿qué excelencia y qué perfección no tendría que atesorar su alma para
poder ser la Madre de Dios?
Enseña el mismo doctor Angélico, que cuando Dios elige a alguno para
determinada dignidad, lo hace idóneo para ella; y, en consecuencia, habiendo
elegido a María por su madre, ciertamente que la hizo digna con su gracia, conforme
al Evangelio: “Has encontrado gracia ante el Señor. He aquí que concebirás y darás
a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús” (Lc 1, 30-31). De lo que concluye el
santo que la Virgen no cometió ningún pecado actual ni siquiera venial; de otra
manera no hubiera sido digna madre de Jesucristo, porque la ignominia de la madre
hubiera sido también del Hijo por tener una madre pecadora. Pues si María no
hubiera sido idónea Madre de Dios si hubiera cometido un solo pecado venial que
no priva al alma de la gracia divina, cuánto más indigna hubiera sido de haber
incurrido en el pecado original que la habría convertido en enemiga de Dios y
esclava del demonio. Por eso san Agustín proclamó aquella célebre sentencia:
“Exceptúo siempre a la Santísima Virgen María, a la cual, por el honor del Señor no
tolero ni que se nombre cuando se trata de su posible relación con el pecado. Pues
bien sabemos que a ella se le concedió gracia de sobra para vencer absolutamente
al pecado, siendo la que mereció concebir y dar a luz al que consta que no tuvo
ningún pecado”.
Así que debemos tener por cierto que el Verbo Encarnado se eligió la madre
cual le convenía y de la que no se tuviera que avergonzar, como dice san Pedro
Damiano. Y Proclo dice: “Habitó en las entrañas que había creado sin sombra de
mancha”. No fue para Jesús motivo de sonrojo oírse llamar por los judíos
despectivamente, el hijo de María, como si fuera hijo de una mujer pobre. “¿No se
llama su madre María?” (Mt 13, 55). Él había venido a la tierra para dar ejemplo de
humildad y de paciencia. Pero sin duda le hubiera sido insoportable que los
demonios le hubieran podido decir: “¿Acaso tu madre no fue una pecadora en otro
tiempo nuestra esclava?” Hubiera sido indecente para Jesús nacer de una mujer
deforme y contrahecha, o poseída del demonio en cuanto al cuerpo. Pero cuánto
peor sería el haber nacido de una mujer deforme en cuanto al alma y poseída por
Lucifer en lo pasado.
3. María preservada por el honor y deber del Hijo
Nuestro Dios, que es la misma Sabiduría, supo muy bien fabricarse en la
tierra la casa que le convenía y donde debía habitar. “La Sabiduría se edificó una
casa” (Pr 4, 1). “Dios santifica su morada. El Altísimo está en medio de ella, no será
conmovida. Dios la socorre en la mañana” (Sal 45, 5-6). El Señor santificó esta su
mansión desde el principio de su existencia para hacerla digna de él, porque a un
Dios santo no le convenía elegirse una casa que no fuera santa. “La santidad es el
ornato de tu casa” (Sal 95, 2). Si él declara que no entrará jamás a habitar en alma
de mala voluntad ni en cuerpo sujeto al pecado, “en alma falsa no entra la Sabiduría,
ni habita en cuerpo sometido al pecado” (Sb 1, 4). ¿Cómo se puede pensar que el
Hijo de Dios haya elegido para habitar el alma y el cuerpo de María sin antes
santificarla y preservarla de toda mancha de pecado, pues el Verbo habitó no sólo
en el alma sino también en el cuerpo de María? Canta la Iglesia: “No te repugnó
habitar en el seno de la Virgen”. Dios no se hubiera encarnado en el seno de
ninguna otra virgen, porque ellas, aunque santas, estuvieron algún tiempo con la
mancha del pecado original; pero no tuvo inconveniente en hacerse hombre en el
seno de María, porque esta Virgen predilecta estuvo siempre limpia de cualquier
mancha de pecado, y jamás sometida a la serpiente enemiga. Escribe san Agustín:
“Ninguna casa más digna que María se pudo edificar el Hijo de Dios, pues nunca fue
cautiva del enemigo, ni despojada de sus virtudes”.
¿A quién se le ocurre pensar –dice san Cirilo de Alejandría– que un
arquitecto se construya una casa y se la deje para estrenar a su mayor enemigo? El
Señor –afirma san Metodio– que ha dado el precepto de honrar a los progenitores,
al hacerse hombre como nosotros ha tenido que sentirse feliz de observarlo
otorgando a su madre toda gracia y honor. Por eso mismo –dice san Agustín– hay
que creer con toda firmeza que Jesucristo ha preservado de la corrupción del
sepulcro el cuerpo de María, como ya dijimos; porque, además, si no lo hubiera
hecho no hubiera observado la ley que, así como manda honrar a la madre,
reprueba todo lo que sea deshonrarla. Mucho menos hubiera provisto al honor de su
madre si no lo hubiera preservado de la culpa de Adán. Pecaría el hijo que,
pudiendo, no preservara a su madre de pecar. Pues lo que sería pecado en
cualquiera es imposible que lo cometa el Hijo de Dios, y que pudiendo hacer a su
Madre inmaculada, dejara de hacerlo. De ninguna manera –añade Gersón–; si tú,
Rey supremo, quieres tener una Madre tienes que darle todo honor. Y no quedaría
bien cumplido esto, si permitieras que la que tenía que ser santuario de toda pureza
hubiera incurrido en el abominable pecado original.
4. María preservada para ser redimida del modo más perfecto
Por lo demás, es bien sabido que el Hijo de Dios vino al mundo más para
salvar a María que a todos los demás hombres, como escribe san Bernardino de
Siena. Y existiendo dos modos de salvar, como señala san Agustín, uno, levantando
al caído, y otro proveyendo para que no caiga, éste es evidentemente el modo más
excelente; de esta manera se evita el daño y la mancha que contrae el que ha caído
en pecado. Este es el modo más noble de ser salvado y el más apropiado a la
Madre de Dios. Así es necesario creer que fue salvada María. Lo dice san
Buenaventura: “Justo es creer que el Espíritu Santo la salvó y la preservó del
pecado original desde el primer instante de su concepción con una gracia del todo
singular”. El cardenal Cusano dice: “Unos tuvieron quien los libró, pero la Virgen
tuvo quien del pecado la inmunizó”. Los otros tuvieron un Redentor que los libró del
pecado, pero la Santísima Virgen tuvo al Redentor que, por ser su Hijo, la libró de
contraer el pecado.
En fin, concluyamos este punto con la sentencia de Hugo de San Víctor: “El
Cordero fue como la Madre, porque todo árbol se conoce por su fruto”. Si el Cordero
fue siempre inmaculado, siempre inmaculada tuvo que ser también la Madre. Este
mismo doctor saluda a María llamándola así: “¡Oh excelsa Madre de Dios altísimo,
digna Madre del que es más digno, la Madre más hermosa del Hijo más hermoso!”
Quería decir que sólo María es digna Madre de tal Hijo, como sólo Jesús es digno
Hijo de tal Madre. Digámosle con san Ildefonso: “Amamanta, oh María, amamanta a
tu Creador; amamanta al que te hizo tan pura y perfecta que mereciste tomara de ti
tu condición humana.
PUNTO 3º
1. María preservada por ser Esposa del Espíritu Santo
Si el Padre debió preservar a María del pecado por ser su Hija, y el Hijo
debió preservarla porque iba a ser su Madre, también el Espíritu Santo debía
preservarla, pues era su Esposa.
María –dice san Agustín– fue la única que mereció ser llamada madre y
esposa de Dios. Como asegura san Anselmo, “el Espíritu de Dios, vino
corporalmente, por así decirlo, a María, para enriquecerla de gracia sobre todas las
criaturas y moró en ella e hizo a su esposa reina del cielo y de la tierra”. Dice que
vino a ella corporalmente en cuanto a lo inmenso de su amor, pues vino a formar de
su cuerpo inmaculado, el inmaculado cuerpo de Jesús, como lo dijo el Arcángel: “El
Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1, 35). “Por eso –afirma santo Tomás– se le
llama a María templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo, porque por obra del
Espíritu Santo fue transformada en Madre del Verbo Encarnado”.
Si un excelente pintor tuviera la esposa tan bella como él la pintara ¿qué
diligencia no pondría en representarla lo más hermosa que se pudiera imaginar?
¿Quién podrá decir que el Espíritu Santo haya obrado de otro modo con María, y
que pudiendo hacerse esta esposa tan hermosa como él quisiera, no la haya
hecho? La hizo cual le convenía como lo atestigua el mismo Señor cuando,
alabando a María, le dice: “Eres toda hermosa, amiga mía, y no hay mancha alguna
en ti” (Ct 4, 7). Estas palabras, dice san Ildefonso y santo Tomás, se entienden
propiamente de María. Y san Bernardino de Siena, con san Lorenzo Justiniano,
afirma que se refieren precisamente a su Inmaculada Concepción. Por eso el Idiota
le dice: “Eres toda hermosa, Virgen gloriosísima, no en parte sino del todo; y no hay
en ti mancha de pecado ni mortal, ni venial ni original”.
Lo mismo quiso indicar el Espíritu Santo cuando llamó a esta su esposa
huerto cerrado y fuente sellada: “Huerto cerrado eres, hermana y esposa mía,
huerto cerrado y fuente sellada” (Ct 4, 12). María, dice san Jerónimo, es ese huerto
cerrado y esa fuente sellada, porque los enemigos no entraron en ella jamás a
turbarla o a ultrajarla, sino que siempre estuvo ilesa, santa en el alma y en el cuerpo.
Ni con ningún engaño ni fraude pudo prevalecer contra ella el enemigo. San
Bernardo le dice algo parecido: “Tú eres huerto cerrado, en el que no pusieron las
manos los pecadores para arrasarlo”.
2. María, obra maestra y predilecta del Espíritu Santo
Este Esposo divino amó más a María de lo que la pueden amar todos los
ángeles y santos juntos. Él, desde el principio la amó y la exaltó con santidad
superior a la de todos, como lo expresa David: “Su fundación sobre los montes
santos; ama el Señor las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob... Un
hombre ha nacido en ella, quien la funda es el mismo Altísimo” (Sal 86, 1-2-5).
Palabras que parecen significar que María fue santa desde su Inmaculada
Concepción. Lo mismo quiere decir el Espíritu Santo en otros lugares: “Muchas hijas
han amontonado riquezas, pero tú las superas todas” (Pr 31, 29). Y es que María ha
superado a todas en riquezas de gracia porque ha tenido hasta la justicia original,
como la tuvieron los ángeles y Adán y Eva. “Innumerables son las doncellas, única
es mi paloma, mi perfecta. Ella la única de su madre, la preferida de la que la
engendró” (Cr 6, 8-9). El hebreo dice: “íntegra, mi inmaculada”. Todas las almas son
hijas de la gracia divina, pero entre éstas María es la paloma sin la hiel de la culpa,
la perfecta sin mancha original, la única concebida en gracia.
Así es que el Arcángel, antes de ser Madre de Dios, ya la encontró llena de
gracia, que por eso la saludó diciéndole: “Dios te salve, llena de gracia”. Y comenta
Sofronio diciendo que a los demás santos se les da la gracia en parte, mientras que
a la Virgen se le dio del todo. De manera que, como dice santo Tomás, la gracia no
sólo santificó el alma de María, sino también su cuerpo, a fin de que pudiera la
Virgen vestir con él al Verbo eterno. Todo esto lleva a comprender que María desde
el primer instante de su concepción fue enriquecida por el Espíritu Santo con la
plenitud de la gracia. Así argumentó Pedro de Celles: “La plenitud de la gracia se
concentró en ella, porque desde el primer instante de su concepción, por la infusión
del Espíritu Santo, quedó colmada de la gracia de Dios”. Dice san Pedro Damiano:
“Habiendo sido elegida y predestinada por Dios, debía ser por completo poseída por
el Espíritu Santo”. Dice el santo “poseída por completo” como para indicar la
celeridad con que el Divino Espíritu la hizo su esposa sin consentir que Lucifer la
poseyese.
3. María, exenta del débito del pecado
Quiero terminar este discurso en el que me he extendido más que en los
otros, porque nuestra humilde Congregación tiene por su principal patrona a la
Santísima Virgen María precisamente bajo el título de su Inmaculada Concepción.
Quiero terminar resumiendo brevemente las razones que demuestran con toda
certeza esta verdad tan piadosa y de tanta gloria para la Madre de Dios, que ella ha
sido preservada inmune de la culpa original.
Hay muchos doctores que han defendido que María ha estado exenta de
contraer el débito del pecado. Y en efecto, si en la voluntad de Adán como cabeza
de todos los hombres estaban incluidas las voluntades de todos, como sostienen
autores apoyados en el texto de san Pablo: “Todos en Adán pecaron” (Rm 5, 12),
sin embargo María no contrajo la deuda del pecado, porque habiéndola distinguido
Dios con su gracia sobre el común de los hombres, debemos creer que en la
voluntad de Adán al pecar no pudo estar incluida la voluntad de María.
Esta sentencia la abrazo como la más gloriosa para mi Señora. Y tengo por
cierta la sentencia de que María no contrajo el pecado de Adán, y no solamente por
cierta sino como próxima a ser definida como dogma de fe, como lo aseguran
también muchos. Además de las revelaciones que confirman esta sentencia,
especialmente las hechas a santa Brígida, aprobadas por el cardenal Torquemada y
por cuatro sumos Pontífices, como se lee en varios pasajes del libro sexto de dichas
revelaciones. No puede omitir las palabras de los santos padres tan concordes en
reconocer este privilegio a la Madre de Dios. Dice san Ambrosio: “Recíbeme no de
Sara; sino de María para que sea virgen incorruptible, pero virgen, por haber sido
por gracia de Dios inmune de toda mancha de pecado”. Orígenes dice hablando de
María: “No se vio infectada por el aliento de la venenosa serpiente”. San Efrén la
aclama: “Inmaculada y del todo libre de cualquier mancha de pecado”.
San Agustín, comentando las palabras del Ángel: “Dios te salve, llena de
gracia”, escribe: “Con estas palabras se demuestra que estuvo absolutamente
excluida de la ira de la primera sentencia y que recibió la plenitud de toda gracia y
bendición”. San Jerónimo: “Aquella espiritual nube, nunca estuvo en tinieblas, sino
siempre investida de luz”. San Cipriano o quien sea el autor: “No era justo que aquel
vaso de elección estuviera sujeto a la común mancha, porque siendo muy distinta de
los demás, comunicaba con ellos en la naturaleza, pero no en la culpa”. San
Anfiloquio: “El que crió a la primera virgen sin mancha, también creó a la segunda
sin ninguna mancha de pecado”. Sofronio escribe: “La Virgen se llama inmaculada,
porque no tiene ninguna corrupción”. San Ildefonso afirma: “Consta que ella estuvo
inmune del pecado original”. San Juan Damasceno: “La serpiente no tuvo entrada a
este paraíso”. Y san Pedro Damiano: “La carne de la Virgen procede de Adán, pero
no admitió las culpas de Adán”. “Esta es la tierra incorruptible –dice san Bruno– que
bendijo el Señor, libre por tanto de todo contagio de pecado”. San Buenaventura
escribe: “Nuestra Señora estuvo llena de toda gracia previniente en su santificación,
gracia preservadora contra el hedor de la culpa original”. San Bernardino de Siena:
“No se puede creer que el mismo Hijo de Dios quisiera nacer de la Virgen y tomar su
carne si estaba manchada de algún modo con la mancha del pecado original”.
San Lorenzo Justiniano asegura: “Fue colmada de todas las bendiciones
desde su concepción”. El Idiota, glosando las palabras: “Has encontrado gracia”,
dice: “Encontraste gracia muy especial, oh Virgen dulcísima, porque la tuviste desde
que te viste preservada del pecado original”. Y lo mismo dicen tantos doctores.
Pero las razones que aseguran la verdad de esta sentencia en última
instancia son dos. El primero es el consentimiento universal de los fieles. Todas las
Órdenes y Congregaciones de la Iglesia siguen esta sentencia. Pero sobre todo lo
que debe persuadir que nuestra sentencia es conforme al común sentir de los
Católicos, es lo que dice el Papa Alejandro VII en la célebre bula Sollicitudo omnium
ecclesiarum, del año 1661, en que se afirma: Se acrecentó más y se propagó la
piedad y el culto hacia la Madre de Dios... de manera que, poniéndose las
universidades a favor de esta sentencia –es decir, la que afirma la Inmaculada
Concepción– ya casi todos los católicos la abrazan”. Y de hecho esta sentencia la
defienden las universidades de La Sorbona, Alcalá, Salamanca, Coimbra, Colonia,
Maguncia, Nápoles, y de otras muchas, en las que cada doctor se obliga con
juramento a defender a la Inmaculada. Este argumento, escribe el célebre obispo D,
Julio Torni, es del todo convincente, pues si el común sentir de los fieles da certeza
de que María ya era santa desde el seno de su madre, y es garantía de la Asunción
de María en cuerpo y alma al cielo ¿por qué este común sentimiento de los fieles no
ha de garantizar la verdad de su Concepción Inmaculada?
Y el otro argumento que nos certifica la verdad de la exención de la Virgen
de la mancha original, es la celebración universal ordenada por la Iglesia de su
Concepción Inmaculada. Y acerca de esto yo veo por una parte que la Iglesia
celebre el primer instante en que fue creada su alma e infundida en su cuerpo, como
lo declara Alejandro VII en la bula citada, en la que se expresa que la Iglesia da a la
Concepción de María el mismo culto que le da a la piadosa sentencia que afirma es
concebida sin pecado original. Por otra parte entiendo ser cierto que la Iglesia no
puede celebrar nada que no sea santo, conforme lo declaran los papas san León y
san Eusebio que dice: “En la Sede Apostólica siempre se ha conservado sin mancha
la religión católica”. Así lo enseñan todos los teólogos con san Agustín, san
Bernardo y santo Tomás, el cual para probar que María fue santificada antes de
nacer, se sirve del argumento de la celebración de su nacimiento por parte de la
Iglesia, y reflexiona así: “La Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen;
ahora bien, en la Iglesia no se celebra nada que no sea santo; luego la Santísima
Virgen fue santificada en el seno de su madre”. Pues si es cierto que María fue
santificada en el seno de su madre porque la Iglesia celebra su nacimiento ¿por qué
no hemos de tener por cierto que María fue preservada del pecado original desde el
instante de su concepción sabiendo que la Iglesia celebra precisamente esto?
Para confirmar la realidad de este gran privilegio de María son conocidas las
gracias innumerables y prodigiosas que el Señor se complace en otorgar todos los
días en el reino de Nápoles por medio de las estampas de la Inmaculada
Concepción. Podría referir muchas de esas gracias de las cuales han sido testigos
los padres de nuestra misma Congregación, pero quiero referir sólo dos que son
verdaderamente extraordinarias.
EJEMPLO
Dos conversiones logradas por la imagen de la Inmaculada
A una de las residencias de nuestra humilde Congregación en este reino,
vino una mujer a decir a uno de nuestros padres que su marido hacía muchos años
que no se confesaba, y que la pobre no sabía qué hacer para convencerlo, porque
en hablándole de confesión la apaleaba. El padre le dijo que le diera una imagen de
María Inmaculada. Al caer la tarde, la mujer de nuevo le rogó al marido que se
confesara, y como no le hacía caso, le dio la estampa de la Virgen. Y apenas la
recibió le dijo: Bueno ¿cuándo quieres que me confiese? Estoy pronto. La mujer se
puso a llorar de alegría al ver cambio tan repentino. Llegada la mañana fue con su
marido a nuestra iglesia. Al preguntarle el padre cuánto tiempo hacía que no se
confesaba, le respondió que hacía veinte años. “Y ¿qué le movió a venir a
confesar?”, le dijo el padre. “Yo estaba obstinado –le respondió– pero ayer me dio
mi mujer una estampa de nuestra Señora y al instante sentí cambiado el corazón,
tanto que cada momento me parecía mil años esperando que se hiciera el día para
poder venir a confesarme”. Se confesó con gran dolor, cambió de vida y continuó
durante mucho tiempo confesándose con el mismo padre.
En otro lugar de la diócesis de Salerno, mientras dábamos la santa misión,
había un hombre muy enemistado con otro que le había ofendido. Uno de nuestros
padres le habló del perdón de las injurias, pero él le respondió: “Padre ¿me ha visto
en la misión? No; y es por esto. Ya comprendo que estoy condenado, pero no hay
remedio, me tengo que vengar”. El padre se esforzó por convertirlo, pero viendo que
perdía el tiempo le dijo: “Recíbame esta estampa de nuestra Señora”. “Y ¿para qué
quiero esta estampa?”, le respondió; sin embargo, la aceptó. Y al punto, olvidando
sus rencores accedió gustoso a lo que el padre le pedía. “Padre ¿quiere que
perdone a mi enemigo? Estoy pronto a realizarlo”. Y se aplazó la reconciliación para
la mañana siguiente. Mas llegada la mañana había cambiado de propósito y no
quería ni oír hablar de reconciliación. El padre le volvió a ofrecer otra estampa de la
Virgen. Por nada la quería recibir. Por fin, de mala gana, la recibió. Y apenas la tuvo
en la mano dijo: “Se acabó ¿dónde está el notario?” Se hizo la reconciliación y se
confesó.
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De LAS GLORIAS DE MARÍA de San Alfonso María de Ligorio. Este fragmento del libro está tomado de este enlace, para leer el libro entero pinchad en Él. Me tomado la libertad de copiar este fragmento sin ningún permiso de los dueños de la página web. Si los autores de dicha página quieren contactarme pueden hacerlo a la siguiente dirección:
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Benita sea la Inmaculada Virgen Santísima.
domingo 4 de diciembre de 2011
Cadena de Navidad.
Este post viene de una iniciativa de Mirta, del blog "Luce nel Cuore" un blog bilingüe, en italiano y español:
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http://lucenelcuore.blogspot.com/
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Dejo aquí el enlace a su "post" "Cadena de Navidad"
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Estamos adelantando acontecimientos, ya que estamos en adviento... pero me voy a tomar la libertad de copiar esta bella oración que ella cuelga en su post:
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Cinco besos de amor al niño Jesús
(Para rezar a medianoche en Navidad o en los momentos difíciles de la vida)
Besando la manita derecha: Oh Jesús mío, lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero porque lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando la manita izquierda: Jesús, lo que tu quieres , yo también lo quiero, lo quiero como lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando el piecito derecho: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero cuando lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando el piecito izquierdo: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero hasta cuando lo quieras Tú, oh Jesús.
Besando el corazón: Dulce Señor mío, dame lo que veo en tu corazón.
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Creo que es una preciosidad de oración que merece la pena rezarla con la imagen del niño Jesús, sobretodo si se hace con amor...
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Siguiendo las instrucciones de Mirta sobre lo que tengo que hacer en este post, ella dice:
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"...3) Si tienes un blog o facebook, publicar una entrada, incluyendo el título de esta entrada, en la entrada publica una imagen que represente para ti la Navidad, explicando tus motivaciones. No olvides dejar en comentarios acá, el link de tu entrada, para que todos los que pasen puedan ver también la tuya..."
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Voilá... aquí está la entrada.
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Bueno, aquí dejo dos imágenes:
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1.- La primera, del bebé sonriendo, la foto es de un niño que asume en este blog el papel del niño Jesús, que es el centro de esta celebración. Bueno, la idea es que es mejor una foto de un niño real que una foto de una escultura, da más el pego.
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Creo que a Dios le encantan los niños. Por eso quiso hacerse uno entre nosotros. Creo que es el momento más bonito de todo el Evangelio, el misterio que más me gusta meditar en el rosario, El nacimiento del Hijo de Dios.
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Los niños tienen algo especial (y ya si el niño es Dios, no te cuento...), además el amor de los padres por los hijos cuando son pequeños es algo muy profundo (cuando la persona no está dañada por el pecado) y debió de ser especialmente grande en la familia más Santa de la historia de la humanidad. El amor de María por Jesús y el de San José debió de ser enorme... El sentimiento de san José al ver a su hijo (bueno, la paternidad conmueve a más de un hombre, no te digo ya a San José, debía de estar conmovido y turbado, tremendamente. Ardiendo de deseos de darle gracias a Dios por su hijo por la alegría que le embargaba).
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Las circunstancias externas son menos importantes (el pobre portal donde nació el hijo de Dios).
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2011 años después conmemoramos el Nacimiento de Jesus, el único Mesías, el Hijo de Dios y el Salvador de todos los hombres...
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Por este misterio de amor, creo que se nos invita a amar en Navidades, y luego están las reuniones familiares y las comilonas..., pero la liturgia de estas fechas es muy bella porque recordamos un hecho HISTÓRICO que es el más importante de la humanidad junto con la muerte y la resurrección de Cristo. Y creo que por ese Amor de Dios tan grande, en estas fechas a lo mejor nos queremos contagiar un poco de él y queremos ser mejores personas y todo lo demás..., porque el espíritu cristiano es muy fuerte...
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http://lucenelcuore.blogspot.com/
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Dejo aquí el enlace a su "post" "Cadena de Navidad"
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Estamos adelantando acontecimientos, ya que estamos en adviento... pero me voy a tomar la libertad de copiar esta bella oración que ella cuelga en su post:
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Cinco besos de amor al niño Jesús
(Para rezar a medianoche en Navidad o en los momentos difíciles de la vida)
Besando la manita derecha: Oh Jesús mío, lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero porque lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando la manita izquierda: Jesús, lo que tu quieres , yo también lo quiero, lo quiero como lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando el piecito derecho: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero cuando lo quieres Tú, oh Jesús.
Besando el piecito izquierdo: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero hasta cuando lo quieras Tú, oh Jesús.
Besando el corazón: Dulce Señor mío, dame lo que veo en tu corazón.
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Creo que es una preciosidad de oración que merece la pena rezarla con la imagen del niño Jesús, sobretodo si se hace con amor...
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Siguiendo las instrucciones de Mirta sobre lo que tengo que hacer en este post, ella dice:
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"...3) Si tienes un blog o facebook, publicar una entrada, incluyendo el título de esta entrada, en la entrada publica una imagen que represente para ti la Navidad, explicando tus motivaciones. No olvides dejar en comentarios acá, el link de tu entrada, para que todos los que pasen puedan ver también la tuya..."
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Voilá... aquí está la entrada.
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Bueno, aquí dejo dos imágenes:
.1.- La primera, del bebé sonriendo, la foto es de un niño que asume en este blog el papel del niño Jesús, que es el centro de esta celebración. Bueno, la idea es que es mejor una foto de un niño real que una foto de una escultura, da más el pego.
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Creo que a Dios le encantan los niños. Por eso quiso hacerse uno entre nosotros. Creo que es el momento más bonito de todo el Evangelio, el misterio que más me gusta meditar en el rosario, El nacimiento del Hijo de Dios.
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Los niños tienen algo especial (y ya si el niño es Dios, no te cuento...), además el amor de los padres por los hijos cuando son pequeños es algo muy profundo (cuando la persona no está dañada por el pecado) y debió de ser especialmente grande en la familia más Santa de la historia de la humanidad. El amor de María por Jesús y el de San José debió de ser enorme... El sentimiento de san José al ver a su hijo (bueno, la paternidad conmueve a más de un hombre, no te digo ya a San José, debía de estar conmovido y turbado, tremendamente. Ardiendo de deseos de darle gracias a Dios por su hijo por la alegría que le embargaba).
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Las circunstancias externas son menos importantes (el pobre portal donde nació el hijo de Dios).
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.2.- La foto dos, pretende ser la foto de un Belén que recrea la adoración de los magos y la adoración de los pastores. La verdad es que no sé si dieron cuenta de que ese niño era Dios y era la Salvación de los hombres. Si hay Santos en el Cielo y almas en el purgatorio es porque Cristo Jesús las ha Salvado de condenarse e ir al infierno, he ahí la grandeza de la redención de nuestro Señor Jesucristo, que nos ofrece la Salvación y la vida eterna, frente al pecado y a la muerte. ¡Cuantos se han beneficiado de esa Salvación ofrecida por el Santísimo a los hombres! Ese niño ha venido a salvarnos a cada uno de nosotros de una muerte horrenda... Es como para estar muy agradecidos con Él (pero hasta lo máximo que una persona puede estar agradecida).
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Los magos y los pastores..., nosotros los cristianos queremos esta noche estar con ellos adorando a Dios en el portal de Belén. La Palabra, la Verdad, la Luz y la Salvación del mundo se hizo carne en un niño pequeñito... Que el Espíritu Santo nos lleve a meditar este profundo misterio de la Navidad en estas fechas tan señaladas.
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(Por otra parte me gusta mucho el tipo de dibujo de la foto 2)..
2011 años después conmemoramos el Nacimiento de Jesus, el único Mesías, el Hijo de Dios y el Salvador de todos los hombres...
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Por este misterio de amor, creo que se nos invita a amar en Navidades, y luego están las reuniones familiares y las comilonas..., pero la liturgia de estas fechas es muy bella porque recordamos un hecho HISTÓRICO que es el más importante de la humanidad junto con la muerte y la resurrección de Cristo. Y creo que por ese Amor de Dios tan grande, en estas fechas a lo mejor nos queremos contagiar un poco de él y queremos ser mejores personas y todo lo demás..., porque el espíritu cristiano es muy fuerte...
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TESTIMONIO DE UN CONDENADO A MUERTE (CONVERSO, EN EE.UU.)

Esta historia me llego a través de mi tía en un correo electrónico, y me pareció lo suficientemente buena para colgarla... Un cordial saludo a mis lectores.
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Misericordia Divina
Gran testimonio. Relato verdadero del prisionero Claudio Newman (1944)
Misericordia Divina
Gran testimonio. Relato verdadero del prisionero Claudio Newman (1944)
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La siguiente historia verdadera de Claudio Newman ocurrió en Misisipi USA en 1944. El relato fue narrado por el Padre O'Leary, un sacerdote de Misisipi, quien estuvo directamente envuelto en los eventos. El ha dejado una cinta grabada acerca de esto, para la posteridad.
Claudio Newman era un hombre de raza negra que trabajaba el campo para un hacendado. Se había casado cuando tenía 17 años con una chica de la misma edad. Un día, dos años después, se encontraba arando en el campo. Otro trabajador corrió a decirle que su esposa estaba gritando dentro de su casa.
Inmediatamente Claudio corrió y encontró un hombre atacando a su mujer. Claudio se enfureció, tomó un hacha y le rajó la cabeza al asaltante dejándosela abierta. Cuando descubrieron quien era el hombre muerto se dieron cuenta de que era el empleado preferido del dueño de la hacienda para la cual Claudio trabajaba. Claudio fue arrestado.
Más tarde fue sentenciado por asesinato y condenado a morir en la silla eléctrica.
Mientras estaba en la cárcel esperando su ejecución, Claudio compartió un bloque de celdas con otros cuatro prisioneros. Una noche, los cinco hombres estaban pasando el tiempo hablando bobadas y se les había acabado la conversación. Claudio se dio cuenta que un prisionero llevaba algo colgado del cuello. El le pregunto qué era eso y el joven Católico le dijo que era una medalla. Claudio le preguntó, ¿qué es una medalla? A lo cual el joven no le supo responder o para qué la llevaba. En ese momento y con ira, el muchacho se quitó la medalla de su cuello y la tiró al piso a los pies de Claudio diciendo groserías y maldiciendo, le dijo que la agarrara.
Claudio recogió la medalla, y con el permiso de los celadores de la cárcel la puso en una cuerdita y la llevó al rededor de su cuello. Para él era algo curioso, pero él se la quería poner.
Durante la noche, mientras dormía fue despertado por un toque sobre la muñeca. Y allí parada, como Claudio le dijo al sacerdote después, estaba la mujer más hermosa que Dios hubiera creado. Al principio el estaba lleno de miedo. La Señora calmó a Claudio y le dijo, "Si tu quieres que yo sea tu Madre, y si te gustaría ser mi hijo, haz que te traigan un sacerdote de la Iglesia Católica." Luego de esto, ella desapareció.
Claudio inmediatamente se llenó de miedo, y empezó a gritar, "un fantasma, un fantasma", y corrió a la celda de uno de los otros prisioneros. Empezó a gritar que el quería ver a un sacerdote Católico.
El Padre O'Leary. El sacerdote que relata esta historia fue llamado a primera hora la mañana siguiente. El fue y encontró a Claudio quien le contó lo que le había ocurrido la noche anterior. Entonces Claudio junto con los otros cuatro hombres de su bloque de celdas pidió que se les diera instrucción religiosa, y enseñanzas del Catecismo.
Inicialmente, el Padre O'Leary tenía dificultad para creer la historia. Los otros prisioneros le dijeron al sacerdote que todo en la historia era verdad, pero que por supuesto, ninguno de ellos vio o escuchó a la Señora.
El Padre O'Leary prometió enseñarles el Catecismo como lo habían pedido. Luego regresó a su parroquia y le dijo al rector lo que había sucedido, después volvió a la prisión el día siguiente para darles instrucción.
Fue entonces cuando el sacerdote descubrió que Claudio Newman no podía ni leer ni escribir. La única manera para él saber sin un libro estaba al derecho era si el libro tenía alguna imagen. Claudio nunca había ido a la escuela. Su ignorancia de Religión era aun mas profunda. No sabía absolutamente nada de Religión.
No sabía quien era Jesús. No sabía ninguna cosa, excepto de que existía un Dios.
Claudio empezó a recibir instrucciones y los otros prisioneros le ayudaron en sus estudios. Después de unos pocos días dos de las Hermanas Religiosas de la escuela de la Parroquia del Padre O'Leary consiguieron permiso del jefe de la cárcel para visitar la prisión. Ellas querían conocer a Claudio y también a las mujeres que estaban recluidas. Las hermanas empezaron entonces a enseñar el Catecismo a las mujeres también.
Después de varias semanas se llegó el momento en que el Padre O'Leary iba a dar instrucciones sobre el Sacramento de la Confesión. Las hermanas se sentaron también a participar en la clase. El sacerdote dijo a los prisioneros, "Bueno muchachos, hoy voy a enseñarles sobre el Sacramento de la Confesión"
Claudio dijo, "O, yo ya sé sobre eso" "La Señora me dijo", "que cuando nosotros vamos a la confesión nosotros nos estamos arrodillando, no delante de un sacerdote, sino que nosotros nos estamos arrodillando ante la cruz de su hijo. Y que cuando nosotros sentimos realmente dolor por nuestros pecados, y los confesamos, la Sangre que el derramó fluye sobre nosotros y nos baña y libra de todos los pecados."
El Padre O'Leary y las hermanas se quedaron totalmente sorprendidos con la boca abierta. Claudio pensó que estaban enojados y les dijo "O, no se enojen, no se enojen. Yo no debí haberles revelado esto"
El sacerdote dijo, "Nosotros no estamos enojados. Estamos sorprendidos. ¿Has vuelto a verla de nuevo?"
Claudio le respondió, "Venga padre conmigo, vamos allí alrededor del bloque de celdas, alejémonos de los demás"
Cuando estaban solos, Claudio le dijo al sacerdote, "Ella me dijo que si usted dudaba o me mostraba desconfianza, que Yo le recordara que cuando usted estaba caído en una zanja en Holanda, en 1940, usted le hizo una promesa a ella la cual Ella está todavía esperando que le cumpla." Y el Padre O'Leary recuerda, Claudio me dijo exactamente cual era la promesa que Yo había hecho.
Esto convenció al Padre O'Leary de que Claudio estaba diciendo la verdad acerca de las visiones de Nuestra Señora la Virgen María.
Después regresaron a la clase del Catecismo sobre la Confesión. Y Claudio les siguió diciendo a los otros prisioneros, "Ustedes no deberían de sentir miedo de ir a la confesión. Ustedes realmente le están diciendo los pecados a Dios, no a este sacerdote o a cualquier sacerdote. Le estamos diciendo los pecados a Dios."
Después Claudio les dijo, "Saben ustedes, La Señora dijo que la confesión es algo como un teléfono. Nosotros hablamos a Dios a través del sacerdote y Él nos habla también a través del sacerdote."
Una semana más tarde, el Padre O'Leary se estaba preparando para enseñarles la clase acerca del Santísimo Sacramento. Las hermanas se encontraban allí también para participar. Claudio les dijo que la Señora también le había enseñado a el acerca de la Sagrada Comunión, y le pidió al padre que le dejara decirle lo que le había dicho ella. El sacerdote consintió inmediatamente. Claudio les relató, "La Señora me dijo que en la Comunión, Yo solo puedo ver lo que parece un pedazo de pan. Pero Ella me dijo que ESO es realmente y verdaderamente Su Hijo.
Y que Él estará conmigo tan solo por unos momentos como cuando Él estaba con ella antes de nacer en Belén. Y que yo debería de pasar mi tiempo como Ella lo hizo, en todo su tiempo con Él, amándole, adorándole, agradeciéndole, alabándole y pidiéndole sus bendiciones. Yo no debería de molestarme por nadie ni por ninguna
otra cosa. Pero tan solo debería de pasar esos pocos minutos con Él."
Finalmente todos recibieron las instrucciones, Claudio fue recibido en la Iglesia Católica, y luego llegó también el tiempo para que el fuera ejecutado. Su ejecución iba a ocurrir a las doce y cinco minutos de la noche.
El Jefe de la Cárcel le preguntó, "Claudio, tu tienes el privilegio de una última petición. Que deseas?"
"Bueno", dijo Claudio, "ustedes están todos conmovidos. El carcelero lo está también. Pero acaso no entienden
ustedes? Yo no voy a morir. Tan solo este cuerpo. Yo voy a estar con Ella. Entonces, puedo tener una fiesta?
"Que quieres decir?", preguntó el Jefe de la Cárcel.
"Una fiesta!" dijo Claudio. "Le pueden dar ustedes permiso al Padre para que traiga algún ponqué y crema helada
y le permiten ustedes a los prisioneros del segundo piso estar libres en el salón principal para que podamos estar todos reunidos para tener una fiesta?"
Alguien podría atacar al Padre, dijo el carcelero.
Claudio voltio hacia los hombres que estaban allí y dijo, "O no, ellos no lo harán, cierto que no, compañeros?".
Así que el sacerdote visitó un patrón rico de la parroquia y le suplicó la crema helada y el ponqué. Ellos tuvieron
su fiesta.
Después, porque Claudio lo había pedido, hicieron una Hora Santa (Adoración al Santísimo Sacramento.) El sacerdote había traído libros de oración de la Iglesia y todos hicieron las Estaciones de la Cruz y tuvieron una Hora Santa, sin el Santísimo Sacramento.
Luego los hombres fueron puestos de nuevo en sus celdas. El sacerdote fue a la Capilla para sacar el Santísimo Sacramento y darle a Claudio la Sagrada Comunión.
El Padre O'Leary regresó a la celda de Claudio. Claudio se arrodilló en un lado de las rejas, el sacerdote se arrodilló en el otro, y juntos rezaron mientras el reloj seguía marcando la hora hacia la ejecución de Claudio.
Quince minutos antes de la ejecución, el Jefe de la Cárcel subió corriendo las escalas gritando, "Perdón oficial, perdón oficial, el Gobernador ha dado un perdón por dos semanas!"
Claudio no se había dado cuenta de que el Gobernador y el Abogado del distrito estaban tratando de parar la ejecución para salvarle su vida. Cuando Claudio se dio cuenta, empezó a llorar. El sacerdote y el Jefe de la Cárcel pensaron que esta era una reacción de alegría porque el ya no iba a ser ejecutado.
Pero Claudio dijo, "Hombres, ustedes no saben. Y padre, usted no sabe. Si ustedes alguna vez miraran en el rostro de Ella, y miraran en sus ojos, ustedes no quisieran vivir un día mas."
Claudio entonces preguntó, "Que cosa he hecho errónea en estas últimas semanas que Dios no me permite ir a casa?" Y el sacerdote dijo que Claudio sollozaba como alguien que está descorazonado.
El Jefe de la Cárcel dejó el cuarto. El sacerdote permaneció allí y le dio a Claudio la Sagrada Comunión. Finalmente Claudio se aquietó. Después Claudio dijo, "Porqué? Porqué todavía me tengo que quedar aquí por otras dos semanas?"
El sacerdote tuvo de repente una idea.
Le recordó a Claudio acerca de un prisionero de la cárcel quien odiaba a Claudio intensamente. El prisionero había llevado una vida horriblemente inmoral, también iba a ser ejecutado a muerte.
El sacerdote dijo, "Quizás Nuestra Madre Santísima quiere que tu ofrezcas esta abnegación de estar con ella, para su conversión." El sacerdote continuó, "Porqué no le ofreces a Dios cada momento que tu estás separado de Ella por este prisionero, para que de esta manera el no tenga que estar separado de Dios por toda una
eternidad?"
Claudio se puso de acuerdo, y le pidió al sacerdote que le enseñara las palabras para hacer ese ofrecimiento. El sacerdote lo hizo. En ese entonces los únicos que sabían sobre el ofrecimiento eran Claudio y el Padre O'Leary.
Al día siguiente, Claudio le dijo al sacerdote, "Ese prisionero que me odiaba antes, pero, O Padre, como me odia ahora!" El sacerdote le respondió, "Bueno, ese es un buen signo."
Dos semanas después, Claudio fue ejecutado.
El Padre O'Leary cuenta, "Nunca he visto a alguien ir a su muerte con mas felicidad y gozo. Aun los testigos oficiales y los reporteros de los periódicos estaban asombrados. Decían que no podían entender como alguien se podía ir y sentar en la silla eléctrica realmente radiante de felicidad."
Sus últimas palabras para el Padre O'Leary fueron, "Padre, yo lo recordaré a usted. Y cuando usted tenga una petición, pídame, y yo le pido a Ella."
Dos meses después, se llegó el momento para que el hombre de raza blanca quien había odiado a Claudio fuera ejecutado, el Padre O'Leary dijo, "Este fue el hombre mas sucio, la persona mas inmoral que Yo haya conocido.
Su odio por Dios, por todo lo espiritual desafiaba cualquier descripción."
Justo antes de su ejecución, el doctor del condado le rogó a este hombre que por lo menos se arrodillara y dijera un Padre Nuestro antes de que el Jefe de la Cárcel viniera por el.
El prisionero le escupió la cara al doctor.
Cuando el había sido asegurado en la silla eléctrica, el Jefe de la Cárcel le dijo, "Si tienes algo que decir, dilo ahora." El hombre condenado empezó a blasfemar.
De repente el condenado a muerte paró, y sus ojos se fijaron en la esquina del salón, y su rostro se llenó de terror absoluto.
El gritó. Volviéndose hacia el Jefe de la Cárcel, entonces dijo, "Jefe, consígame un sacerdote!" Ahora, el Padre O'Leary había estado en el salón puesto que la ley requería que un hombre del clero estuviese presente en las ejecuciones. El sacerdote sin embargo estaba escondido detrás de unos reporteros puesto que el
hombre condenado había amenazado maldecir a Dios si veía cualquier sacerdote.
El Padre O'Leary inmediatamente fue hacia el hombre condenado. El salón fue desocupado de todo el resto de gente y el sacerdote escuchó la confesión del hombre. El hombre dijo que había sido Católico, pero que se había salido de su religión cuando tenía dieciocho años debido a su vida inmoral.
Cuando todo el mundo regresó al salón, el Jefe de la Cárcel le preguntó al sacerdote, "Que le hizo a este hombre cambiar de idea?"
"Yo no se" dijo el Padre O'Leary, "yo no le pregunté"
El Jefe de la Cárcel dijo, "Bueno, yo no voy a poder dormir si no lo se"
El Jefe de la Cárcel se acercó al hombre condenado y le preguntó, "Hijo, que te hizo cambiar de idea?"
El prisionero respondió, "Recuerda ese hombre de raza negra, Claudio - a quien yo odiaba tanto? Pues bien, el está parado allá (el señalo), allá en la esquina. Y detrás de él con una mano sobre cada uno de sus hombros esta la Madre Santísima. Y Claudio me dijo, 'Yo ofrecí mi muerte en unión con Cristo en la cruz por tu salvación. Ella
ha obtenido este regalo para ti: el de que tú puedas ver tu lugar en el Infierno, si no te arrepientes'.
Me fue mostrado mi lugar en el Infierno, y ahí fue cuando yo grité."
Este, entonces es el poder de Nuestra Señora.
Vemos muchos paralelos entre estos hechos de la historia de Claudio Newman y el mensaje de Fátima en 1917.
Hay énfasis sobre:
Confesión Sacramental,
Sagrada Comunión,
Hacer sacrificios por los pecadores,
La visión del Infierno.
"Muchas almas van al Infierno" dijo Nuestra Señora de Fátima, "porque nadie reza y hace sacrificios por ellas."
Por John Vennari, de la edición de Marzo 2001 de "Catholic Family News." Noticias de la Familia Católica.
Traducido por el Apostolado El Trabajo de Dios
La siguiente historia verdadera de Claudio Newman ocurrió en Misisipi USA en 1944. El relato fue narrado por el Padre O'Leary, un sacerdote de Misisipi, quien estuvo directamente envuelto en los eventos. El ha dejado una cinta grabada acerca de esto, para la posteridad.
Claudio Newman era un hombre de raza negra que trabajaba el campo para un hacendado. Se había casado cuando tenía 17 años con una chica de la misma edad. Un día, dos años después, se encontraba arando en el campo. Otro trabajador corrió a decirle que su esposa estaba gritando dentro de su casa.
Inmediatamente Claudio corrió y encontró un hombre atacando a su mujer. Claudio se enfureció, tomó un hacha y le rajó la cabeza al asaltante dejándosela abierta. Cuando descubrieron quien era el hombre muerto se dieron cuenta de que era el empleado preferido del dueño de la hacienda para la cual Claudio trabajaba. Claudio fue arrestado.
Más tarde fue sentenciado por asesinato y condenado a morir en la silla eléctrica.
Mientras estaba en la cárcel esperando su ejecución, Claudio compartió un bloque de celdas con otros cuatro prisioneros. Una noche, los cinco hombres estaban pasando el tiempo hablando bobadas y se les había acabado la conversación. Claudio se dio cuenta que un prisionero llevaba algo colgado del cuello. El le pregunto qué era eso y el joven Católico le dijo que era una medalla. Claudio le preguntó, ¿qué es una medalla? A lo cual el joven no le supo responder o para qué la llevaba. En ese momento y con ira, el muchacho se quitó la medalla de su cuello y la tiró al piso a los pies de Claudio diciendo groserías y maldiciendo, le dijo que la agarrara.
Claudio recogió la medalla, y con el permiso de los celadores de la cárcel la puso en una cuerdita y la llevó al rededor de su cuello. Para él era algo curioso, pero él se la quería poner.
Durante la noche, mientras dormía fue despertado por un toque sobre la muñeca. Y allí parada, como Claudio le dijo al sacerdote después, estaba la mujer más hermosa que Dios hubiera creado. Al principio el estaba lleno de miedo. La Señora calmó a Claudio y le dijo, "Si tu quieres que yo sea tu Madre, y si te gustaría ser mi hijo, haz que te traigan un sacerdote de la Iglesia Católica." Luego de esto, ella desapareció.
Claudio inmediatamente se llenó de miedo, y empezó a gritar, "un fantasma, un fantasma", y corrió a la celda de uno de los otros prisioneros. Empezó a gritar que el quería ver a un sacerdote Católico.
El Padre O'Leary. El sacerdote que relata esta historia fue llamado a primera hora la mañana siguiente. El fue y encontró a Claudio quien le contó lo que le había ocurrido la noche anterior. Entonces Claudio junto con los otros cuatro hombres de su bloque de celdas pidió que se les diera instrucción religiosa, y enseñanzas del Catecismo.
Inicialmente, el Padre O'Leary tenía dificultad para creer la historia. Los otros prisioneros le dijeron al sacerdote que todo en la historia era verdad, pero que por supuesto, ninguno de ellos vio o escuchó a la Señora.
El Padre O'Leary prometió enseñarles el Catecismo como lo habían pedido. Luego regresó a su parroquia y le dijo al rector lo que había sucedido, después volvió a la prisión el día siguiente para darles instrucción.
Fue entonces cuando el sacerdote descubrió que Claudio Newman no podía ni leer ni escribir. La única manera para él saber sin un libro estaba al derecho era si el libro tenía alguna imagen. Claudio nunca había ido a la escuela. Su ignorancia de Religión era aun mas profunda. No sabía absolutamente nada de Religión.
No sabía quien era Jesús. No sabía ninguna cosa, excepto de que existía un Dios.
Claudio empezó a recibir instrucciones y los otros prisioneros le ayudaron en sus estudios. Después de unos pocos días dos de las Hermanas Religiosas de la escuela de la Parroquia del Padre O'Leary consiguieron permiso del jefe de la cárcel para visitar la prisión. Ellas querían conocer a Claudio y también a las mujeres que estaban recluidas. Las hermanas empezaron entonces a enseñar el Catecismo a las mujeres también.
Después de varias semanas se llegó el momento en que el Padre O'Leary iba a dar instrucciones sobre el Sacramento de la Confesión. Las hermanas se sentaron también a participar en la clase. El sacerdote dijo a los prisioneros, "Bueno muchachos, hoy voy a enseñarles sobre el Sacramento de la Confesión"
Claudio dijo, "O, yo ya sé sobre eso" "La Señora me dijo", "que cuando nosotros vamos a la confesión nosotros nos estamos arrodillando, no delante de un sacerdote, sino que nosotros nos estamos arrodillando ante la cruz de su hijo. Y que cuando nosotros sentimos realmente dolor por nuestros pecados, y los confesamos, la Sangre que el derramó fluye sobre nosotros y nos baña y libra de todos los pecados."
El Padre O'Leary y las hermanas se quedaron totalmente sorprendidos con la boca abierta. Claudio pensó que estaban enojados y les dijo "O, no se enojen, no se enojen. Yo no debí haberles revelado esto"
El sacerdote dijo, "Nosotros no estamos enojados. Estamos sorprendidos. ¿Has vuelto a verla de nuevo?"
Claudio le respondió, "Venga padre conmigo, vamos allí alrededor del bloque de celdas, alejémonos de los demás"
Cuando estaban solos, Claudio le dijo al sacerdote, "Ella me dijo que si usted dudaba o me mostraba desconfianza, que Yo le recordara que cuando usted estaba caído en una zanja en Holanda, en 1940, usted le hizo una promesa a ella la cual Ella está todavía esperando que le cumpla." Y el Padre O'Leary recuerda, Claudio me dijo exactamente cual era la promesa que Yo había hecho.
Esto convenció al Padre O'Leary de que Claudio estaba diciendo la verdad acerca de las visiones de Nuestra Señora la Virgen María.
Después regresaron a la clase del Catecismo sobre la Confesión. Y Claudio les siguió diciendo a los otros prisioneros, "Ustedes no deberían de sentir miedo de ir a la confesión. Ustedes realmente le están diciendo los pecados a Dios, no a este sacerdote o a cualquier sacerdote. Le estamos diciendo los pecados a Dios."
Después Claudio les dijo, "Saben ustedes, La Señora dijo que la confesión es algo como un teléfono. Nosotros hablamos a Dios a través del sacerdote y Él nos habla también a través del sacerdote."
Una semana más tarde, el Padre O'Leary se estaba preparando para enseñarles la clase acerca del Santísimo Sacramento. Las hermanas se encontraban allí también para participar. Claudio les dijo que la Señora también le había enseñado a el acerca de la Sagrada Comunión, y le pidió al padre que le dejara decirle lo que le había dicho ella. El sacerdote consintió inmediatamente. Claudio les relató, "La Señora me dijo que en la Comunión, Yo solo puedo ver lo que parece un pedazo de pan. Pero Ella me dijo que ESO es realmente y verdaderamente Su Hijo.
Y que Él estará conmigo tan solo por unos momentos como cuando Él estaba con ella antes de nacer en Belén. Y que yo debería de pasar mi tiempo como Ella lo hizo, en todo su tiempo con Él, amándole, adorándole, agradeciéndole, alabándole y pidiéndole sus bendiciones. Yo no debería de molestarme por nadie ni por ninguna
otra cosa. Pero tan solo debería de pasar esos pocos minutos con Él."
Finalmente todos recibieron las instrucciones, Claudio fue recibido en la Iglesia Católica, y luego llegó también el tiempo para que el fuera ejecutado. Su ejecución iba a ocurrir a las doce y cinco minutos de la noche.
El Jefe de la Cárcel le preguntó, "Claudio, tu tienes el privilegio de una última petición. Que deseas?"
"Bueno", dijo Claudio, "ustedes están todos conmovidos. El carcelero lo está también. Pero acaso no entienden
ustedes? Yo no voy a morir. Tan solo este cuerpo. Yo voy a estar con Ella. Entonces, puedo tener una fiesta?
"Que quieres decir?", preguntó el Jefe de la Cárcel.
"Una fiesta!" dijo Claudio. "Le pueden dar ustedes permiso al Padre para que traiga algún ponqué y crema helada
y le permiten ustedes a los prisioneros del segundo piso estar libres en el salón principal para que podamos estar todos reunidos para tener una fiesta?"
Alguien podría atacar al Padre, dijo el carcelero.
Claudio voltio hacia los hombres que estaban allí y dijo, "O no, ellos no lo harán, cierto que no, compañeros?".
Así que el sacerdote visitó un patrón rico de la parroquia y le suplicó la crema helada y el ponqué. Ellos tuvieron
su fiesta.
Después, porque Claudio lo había pedido, hicieron una Hora Santa (Adoración al Santísimo Sacramento.) El sacerdote había traído libros de oración de la Iglesia y todos hicieron las Estaciones de la Cruz y tuvieron una Hora Santa, sin el Santísimo Sacramento.
Luego los hombres fueron puestos de nuevo en sus celdas. El sacerdote fue a la Capilla para sacar el Santísimo Sacramento y darle a Claudio la Sagrada Comunión.
El Padre O'Leary regresó a la celda de Claudio. Claudio se arrodilló en un lado de las rejas, el sacerdote se arrodilló en el otro, y juntos rezaron mientras el reloj seguía marcando la hora hacia la ejecución de Claudio.
Quince minutos antes de la ejecución, el Jefe de la Cárcel subió corriendo las escalas gritando, "Perdón oficial, perdón oficial, el Gobernador ha dado un perdón por dos semanas!"
Claudio no se había dado cuenta de que el Gobernador y el Abogado del distrito estaban tratando de parar la ejecución para salvarle su vida. Cuando Claudio se dio cuenta, empezó a llorar. El sacerdote y el Jefe de la Cárcel pensaron que esta era una reacción de alegría porque el ya no iba a ser ejecutado.
Pero Claudio dijo, "Hombres, ustedes no saben. Y padre, usted no sabe. Si ustedes alguna vez miraran en el rostro de Ella, y miraran en sus ojos, ustedes no quisieran vivir un día mas."
Claudio entonces preguntó, "Que cosa he hecho errónea en estas últimas semanas que Dios no me permite ir a casa?" Y el sacerdote dijo que Claudio sollozaba como alguien que está descorazonado.
El Jefe de la Cárcel dejó el cuarto. El sacerdote permaneció allí y le dio a Claudio la Sagrada Comunión. Finalmente Claudio se aquietó. Después Claudio dijo, "Porqué? Porqué todavía me tengo que quedar aquí por otras dos semanas?"
El sacerdote tuvo de repente una idea.
Le recordó a Claudio acerca de un prisionero de la cárcel quien odiaba a Claudio intensamente. El prisionero había llevado una vida horriblemente inmoral, también iba a ser ejecutado a muerte.
El sacerdote dijo, "Quizás Nuestra Madre Santísima quiere que tu ofrezcas esta abnegación de estar con ella, para su conversión." El sacerdote continuó, "Porqué no le ofreces a Dios cada momento que tu estás separado de Ella por este prisionero, para que de esta manera el no tenga que estar separado de Dios por toda una
eternidad?"
Claudio se puso de acuerdo, y le pidió al sacerdote que le enseñara las palabras para hacer ese ofrecimiento. El sacerdote lo hizo. En ese entonces los únicos que sabían sobre el ofrecimiento eran Claudio y el Padre O'Leary.
Al día siguiente, Claudio le dijo al sacerdote, "Ese prisionero que me odiaba antes, pero, O Padre, como me odia ahora!" El sacerdote le respondió, "Bueno, ese es un buen signo."
Dos semanas después, Claudio fue ejecutado.
El Padre O'Leary cuenta, "Nunca he visto a alguien ir a su muerte con mas felicidad y gozo. Aun los testigos oficiales y los reporteros de los periódicos estaban asombrados. Decían que no podían entender como alguien se podía ir y sentar en la silla eléctrica realmente radiante de felicidad."
Sus últimas palabras para el Padre O'Leary fueron, "Padre, yo lo recordaré a usted. Y cuando usted tenga una petición, pídame, y yo le pido a Ella."
Dos meses después, se llegó el momento para que el hombre de raza blanca quien había odiado a Claudio fuera ejecutado, el Padre O'Leary dijo, "Este fue el hombre mas sucio, la persona mas inmoral que Yo haya conocido.
Su odio por Dios, por todo lo espiritual desafiaba cualquier descripción."
Justo antes de su ejecución, el doctor del condado le rogó a este hombre que por lo menos se arrodillara y dijera un Padre Nuestro antes de que el Jefe de la Cárcel viniera por el.
El prisionero le escupió la cara al doctor.
Cuando el había sido asegurado en la silla eléctrica, el Jefe de la Cárcel le dijo, "Si tienes algo que decir, dilo ahora." El hombre condenado empezó a blasfemar.
De repente el condenado a muerte paró, y sus ojos se fijaron en la esquina del salón, y su rostro se llenó de terror absoluto.
El gritó. Volviéndose hacia el Jefe de la Cárcel, entonces dijo, "Jefe, consígame un sacerdote!" Ahora, el Padre O'Leary había estado en el salón puesto que la ley requería que un hombre del clero estuviese presente en las ejecuciones. El sacerdote sin embargo estaba escondido detrás de unos reporteros puesto que el
hombre condenado había amenazado maldecir a Dios si veía cualquier sacerdote.
El Padre O'Leary inmediatamente fue hacia el hombre condenado. El salón fue desocupado de todo el resto de gente y el sacerdote escuchó la confesión del hombre. El hombre dijo que había sido Católico, pero que se había salido de su religión cuando tenía dieciocho años debido a su vida inmoral.
Cuando todo el mundo regresó al salón, el Jefe de la Cárcel le preguntó al sacerdote, "Que le hizo a este hombre cambiar de idea?"
"Yo no se" dijo el Padre O'Leary, "yo no le pregunté"
El Jefe de la Cárcel dijo, "Bueno, yo no voy a poder dormir si no lo se"
El Jefe de la Cárcel se acercó al hombre condenado y le preguntó, "Hijo, que te hizo cambiar de idea?"
El prisionero respondió, "Recuerda ese hombre de raza negra, Claudio - a quien yo odiaba tanto? Pues bien, el está parado allá (el señalo), allá en la esquina. Y detrás de él con una mano sobre cada uno de sus hombros esta la Madre Santísima. Y Claudio me dijo, 'Yo ofrecí mi muerte en unión con Cristo en la cruz por tu salvación. Ella
ha obtenido este regalo para ti: el de que tú puedas ver tu lugar en el Infierno, si no te arrepientes'.
Me fue mostrado mi lugar en el Infierno, y ahí fue cuando yo grité."
Este, entonces es el poder de Nuestra Señora.
Vemos muchos paralelos entre estos hechos de la historia de Claudio Newman y el mensaje de Fátima en 1917.
Hay énfasis sobre:
Confesión Sacramental,
Sagrada Comunión,
Hacer sacrificios por los pecadores,
La visión del Infierno.
"Muchas almas van al Infierno" dijo Nuestra Señora de Fátima, "porque nadie reza y hace sacrificios por ellas."
Por John Vennari, de la edición de Marzo 2001 de "Catholic Family News." Noticias de la Familia Católica.
Traducido por el Apostolado El Trabajo de Dios
sábado 3 de diciembre de 2011
LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO EN INTERNET.

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Aunque la foto de arriba se ve un poco mal, es un pantallazo (capturar la imagen de la pantalla), que muestra un detalle del royo de Isaías, escrito en hebreo (si alguien sabe hebreo bíblico, puede practicar, XDD)
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La página web donde están colgados cinco manuscritos del mar muerto (Qumram) digitalizados es esta: http://dss.collections.imj.org.il/ y tienen una resolución buenísima.
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Echadle un vistazo, merece la pena.
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Para completar este artículo, dejo un fragmento de Isaías en castellano, (no es tan elegante como el hebreo, pero en España se entiende bien, XDD). Es una profecía sobre Jesucristo, el Mesías, debajo de cada versículo dejo un comentario con la marca IP (Interpretación Propia), ya que es lo que veo en este texto, que no sé si será acertado o no:
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"...1 El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
[IP: Esto creo que significa la luz de Cristo que es la Verdad (luz) frente a la mentira y el error(tinieblas)]
2 Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
[IP: el reino de Dios que está en nuestro interior: uno de los frutos del Espíritu Santo es la alegría. Dios trae la alegría a nuestros corazones. (Gálatas 5, 22-23) ¿También puede ser la alegría que siente un alma en el Cielo ante la presencia de Dios?]
3 Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
[IP: el yugo que nos oprime es el pecado. Jesucristo nos salva del pecado. También puede ser el yugo de Satanás, las cadenas con que nos ata, que Jesucristo las rompe y nos salva]
4 Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.
[IP: Este versículo significa PAZ, primero aquí en la tierra, en el reino y después en el cielo donde no existirá la violencia]
5 Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz».
[IP: Jesucristo, este versículo habla de Jesucristo]
6 Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto..." Isaías 9, 1-6
[IP: El reino de Cristo empieza aquí en lo tierra en los corazones de los fieles, pero se extiende al Cielo donde habrá paz sin límite y eternamente. Allí reina Jesucristo como el Rey de Reyes y Señor de Señores, para siempre, sentado a la diestra de Dios Padre, y aquí en la tierra, reina en los corazones de algunos]
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lunes 31 de octubre de 2011
ARREGLAR EL MUNDO...
Marx decía que para cambiar el mundo había que cambiar las estructuras, que las estructuras económicas estaban mal y a partir de ahí, cambiando el sistema, se cambiaba todo. El resultado, en la Rusia soviética, fue un completo desastre...
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Cambiando completamente de tema:
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Me parece que era la Virgen en Medjugorje (cito de memoria), la que decía que mucha gente iba al purgatorio, mucha gente al infierno y unos pocos iban directos al Cielo.
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Si la cosa fuese que la mayoría fuese al Cielo, unos pocos al purgatorio y menos aún al infierno, esto sería verdaderamente el paraíso en la Tierra.
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¿Quién cambia eso? O lo hace Jesucristo o no lo hace nadie.
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Pero nosotros como Iglesia tenemos que arrimar el hombro y ayudar... (empezando por nosotros mismos...)
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Cambiando completamente de tema:
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Me parece que era la Virgen en Medjugorje (cito de memoria), la que decía que mucha gente iba al purgatorio, mucha gente al infierno y unos pocos iban directos al Cielo.
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Si la cosa fuese que la mayoría fuese al Cielo, unos pocos al purgatorio y menos aún al infierno, esto sería verdaderamente el paraíso en la Tierra.
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¿Quién cambia eso? O lo hace Jesucristo o no lo hace nadie.
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Pero nosotros como Iglesia tenemos que arrimar el hombro y ayudar... (empezando por nosotros mismos...)
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lunes 24 de octubre de 2011
SOBRE MILAGROS
He leído esta meditación en la revista Magnificat del mes de octubre de 2011 (número 95), y me ha gustado mucho, porque yo he visto lo mismo o parecido en la Renovación Carismática. La meditación se corresponde al 25 de octubre. La copio integra:
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"...Tiempo atrás pensaba que el Señor no obraba los prodigios más que como respuesta a las oraciones de los santos. Pero ahora he comprendido que el Señor obra maravillas por el pecador en cuanto se humilla. Porque cuando el hombre aprende la humildad, el Señor escucha su oración.
Muchos dicen, por inexperiencia, que tal santo ha hecho un milagro, pero yo he comprendido que es el Espíritu Santo habitando en la persona el que realiza los prodigios. El Señor quiere que todos se salven y vivan eternamente con Él. Por esto escucha las súplicas que el hombre pecador le dirige por el bien de otros y por el suyo propio..."
San Siloan. Monje del Monte Athos (1866-1938)
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"...Tiempo atrás pensaba que el Señor no obraba los prodigios más que como respuesta a las oraciones de los santos. Pero ahora he comprendido que el Señor obra maravillas por el pecador en cuanto se humilla. Porque cuando el hombre aprende la humildad, el Señor escucha su oración.
Muchos dicen, por inexperiencia, que tal santo ha hecho un milagro, pero yo he comprendido que es el Espíritu Santo habitando en la persona el que realiza los prodigios. El Señor quiere que todos se salven y vivan eternamente con Él. Por esto escucha las súplicas que el hombre pecador le dirige por el bien de otros y por el suyo propio..."
San Siloan. Monje del Monte Athos (1866-1938)
DISCURSO DE BENDICTO XVI AL PARLAMENTO DE ALEMANIA
Es interesante este discurso del papa Benedicto al parlamento de Alemania. A fin de cuentas, las leyes justas son las que buscan como fin último el bien, y las leyes injustas son aquellas cuyo fin último es un mal... Lo enlazo de la página web del vaticano (pinchad aquí).
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miércoles 19 de octubre de 2011
TESTIMONIO DE RANIERO CATALAMESSA, PREDICADOR DE LA CASA PONTIFICIA Y MIEMBRO DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA.

Me ha parecido muy interesante este artículo de religión en libertad. Así que lo copio integro. Es una entrevista al Padre Rainiero Cantalamessa, donde da su testimonio de vida.
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ReL le ofrece un testimonio verdaderamente impactante del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la casa pontificia, sobre cómo y por qué cambió radicalmente su forma de vivir el sacerdocio y su seguimiento a Cristo.
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Un hecho extraordinario.
«Mi historia personal con el Señor empezó muy temprano. Fui bautizado a los pocos días después de mi nacimiento; pero esto no era todavía un encuentro personal. Mi primer encuentro personal fue a los trece años. Yo estaba en un Colegio de Capuchinos. No sabía todavía lo que iba a hacer en mi vida, cuando tuvimos un primer retiro y escuché por primera vez las grandes verdades de nuestra fe: el amor de Dios, la vida eterna, el infierno ... Recuerdo muy bien la impresión que me dio la meditación sobre el infierno; me hizo entender que la vida es algo muy serio, una aventura muy seria. Y escuchando estas verdades, exponiéndome por primera vez a la luz del Evangelio, percibí inmediatamente mi vocación, me sentí llamado por el Señor a hacerme sacerdote franciscano. El ser franciscano era secundario en aquel momento; lo que era primordial era que yo dedicaba mi vida al Señor Jesús.
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Muchos años de formación»
Empecé mi formación que duró muchos años. Estudié, fui ordenado sacerdote en Loreto, que es un lugar donde hay un Santuario de la Virgen muy importante. Fue ordenado sacerdote en 1958, hace muchos años, algunos de vosotros todavía no habíais nacido. Después los superiores me enviaron a Suiza a estudiar Teología y me doctoré en Teología estudiando a los Padres de la Iglesia. Después me enviaron a la Universidad Católica de Milán para profundizar en el conocimiento de las lenguas clásicas, latín y griego, para estudiar mejor los Padres de la Iglesia y la Escritura.
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Doy clases en la universidad».
Cuando terminé mis estudios de filología clásica, me invitaron a quedarme a la Universidad. El Rector de entonces era un santo. Ahora está en proceso su beatificación. Él fue un precioso laico para la Iglesia de Italia. Él me invitó a ser su ayudante y después de dos años se instituyó una cátedra para mí que era la cátedra de Historia de los Orígenes del Cristianismo. Se estudia en esta cátedra el Nuevo Testamento y los primeros siglos de la Iglesia, un precioso campo.
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Búsqueda científica»
Llevaba allí enseñando varios años y predicaba los domingos algunas homilías, pero nada más. Mi papel era sobre todo la búsqueda científica. Estaba contento y mis superiores decían que estaban muy orgullosos de tener un miembro de su orden en la Universidad Católica. Es una importante Universidad que en aquel tiempo; tenía unos veintidós o veintitrés mil estudiantes.
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Ocurren milagros...»
En 1975, una señora a quien yo acompañaba en su camino espiritual, regresó de un Retiro de fin de semana en una casa de Milán y me dijo: “He encontrado un grupo de personas extrañas que oran de una manera nueva, que levantan las manos y se habla incluso de milagros que ocurren entre ellos”. Y yo como un buen director espiritual muy prudente le dije: “Tu no irás más a estos Retiros”. Eran los primeros grupos de oración de la Renovación Carismática que llegaban a Italia. Esta señora obedeció, pero me invitaba a acudir a algunos encuentros de la Renovación Carismática para ver ...
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Conozco la Renovación Carismática»
Una vez me llevó a Roma a un Encuentro. Yo estaba allí como observador. Había cosas que no podía aceptar, por ejemplo: abrazarse, besarse... Yo expongo mis dificultades porque sé que hay muchos que hoy encuentran las mismas dificultades, sobre todo entre el clero. Entonces me pidieron que confesase. Y escuchando estas confesiones fue mi primer impacto con la gracia. No simplemente las manifestaciones, sino la gracia interior de la Renovación Carismática. Porque había un arrepentimiento que yo raramente había encontrado y se trataba de laicos, de gente muy normal. Me parecía que los pecados caían como piedras de su alma. Había una liberación, una gracia, lágrimas... Yo estaba asustado y me decía a mi mismo: “No puedes negar que aquí está la gracia de Dios. Éste es el Espíritu que obra, porque solamente Él puede dar una idea, un conocimiento tan claro del pecado, un arrepentimiento tan grande”. Pero todavía estaba en una posición de juez. Juzgaba lo que me parecía bueno, lo que no me parecía bueno. Y los animadores de entonces, los líderes, decían a los hermanos : no vayáis con ese sacerdote porque él es un enemigo de la Renovación Carismática.
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Risas y no lágrimas»
Tengo que decir otra cosa. Para mucha gente el primer impacto con la Renovación Carismática se manifiesta en lágrimas, para mi fue en una sonrisa. Yo tuve mucha dificultad en reprimir mi risa, pero sentía que era un reír santo, diferente. Era como si Dios me sacudiera, para sacudir el hombre viejo y hacerme salir de mi seguridad, de mi orgullo. Y está fue la primera ofrenda de liberación que el Señor me daba.
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Fascinado por lo que veía»
Di un curso en la Universidad en aquel momento sobre los movimientos carismáticos proféticos de la primera Iglesia, para intentar comprender algo de esta nueva manifestación en la Iglesia. No me ayudó mucho esta búsqueda científica, pero me sirvió porque me mantuvo en contacto con la Renovación Carismática. Ellos me conocían, incluso me invitaban a dar algunas enseñanzas; y yo estaba ahí, atraído, fascinado por lo que veía.
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Esto pasaba en las primeras comunidades cristianas»
Yo me decía a mi mismo: “Esto es lo que pasaba en las primeras comunidades cristianas, tú lo sabes, tú estudias esto y sabes que esto es precisamente lo que pasaba en aquellas primeras comunidades: carismas, profecías, laicos tomando su papel en la vida de la Iglesia, no callando siempre, no sólo hablando el sacerdote...”.
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Objeciones a lo que estaba viviendo»
Algunas objeciones, que yo ponía, fueron encontrando su respuesta. Por ejemplo, para mí era una dificultad ver que si aquello era del Espíritu de Dios, por que había algunas cosas que eran claramente carnales y humanas. El Señor me hizo comprender que el don de Dios está siempre mediado por los hombres, la debilidad humana. El carisma de la autoridad en la Iglesia a veces no está ejercitado de manera perfecta porque existe la ambición, el poder y a nadie se le ocurre abolir la autoridad. Lo mismo tenemos que decir de otros carismas: no están empleados de manera angélica pero es la manera de Dios de obrar con medios humildes, pobres y defectuosos.
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Un hecho providencial»
En 1977 una mujer -notad que hay siempre una mujer como mediadora; y éste es un don de la mujer, ser una ayuda; el hombre debe ser una ayuda también- , una mujer ofreció cuatro boletos con todo incluido para ir a América a un Encuentro Carismático Ecuménico que tendría lugar en Kansas City en los Estados Unidos. Uno de estos boletos se le ofreció a un profesor de teología que después fue nombrado arzobispo de Turín y fue cardenal, ahora jubilado. Pero en el último momento su madre enfermó y no pudo ir. Este boleto llego a mí. Yo me decía: “Será una experiencia más”. Yo tenía que ir a los EE.UU. para aprender inglés y me decía: “En una semana todo habrá acabado y yo iré a mi comunidad capuchina”.
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Observando qué hacía el Espíritu»
Me fui a este Encuentro. Había 40.000 personas. La mitad católicos y la otra mitad de otras confesiones cristianas, muchos pentecostales, anglicanos y toda clase de confesión cristiana. Y allí yo seguía en esta posición de observador que está interesado con algunas manifestaciones, como la manera de proclamar la Palabra de Dios con tanta unción, pero rechazaba otras expresiones que no entraban en mi esquema mental. Por la mañana cada Iglesia se reunía por su cuenta y por la tarde nos reuníamos todos juntos en un estadio escuchando, cantando ... Hubo una escena que siempre me quedará grabada en la memoria. Una tarde, un líder de la Renovación Carismática muy conocido, tomó el micrófono y empezó a hablar de una manera nueva para mí. Él dijo: “Llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado. Vosotros, los obispos, llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado, vosotros los sacerdotes, los pastores, los laicos...” .
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Descubriendo el señorío de Cristo»
Mientras él hablaba yo empecé a ver la gente que caía a mi alrededor hasta que todo el estadio era una inmensa muchedumbre de gente llorando de arrepentimiento por la división, la discordia entre los cristianos. Y todo esto pasaba y había un gran letrero sobre el cielo, un letrero electrónico que decía: Jesus is Lord -Jesús es Señor-. Me pareció una profecía: La Iglesia, reunida en un lugar, formando un solo cuerpo, todos de rodillas lloramos, pidiendo perdón al Señor bajo el señorío de Cristo. Fue allí cuando concebí este libro, “La vida en el señorío de Cristo” que ahora se titula de forma más sencilla “La vida en Cristo”, porque era el descubrimiento del Señorío de Cristo, de Jesús, el Señor. Era muy extraño porque yo como profesor había estudiado este título: Kirios, Señor.
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Jericó debe caer»
Conocía su importancia; pero me parecía algo nuevo porque para mi el descubrimiento del señorío de Cristo es el alma de la Renavación Carismática, su fruto más profundo. La experiencia del Espíritu viene sobre los que proclaman a Jesús Señor. Tengo que decirlo con gran vergüenza: no estaba todavía convencido. No era mala fe, sino que, como sacerdote, como hombre de estudio, me sentía obligado a discernir y ser prudente, tal vez demasiado prudente. Había un canto que se cantaba allí que era la historia de Jericó que cae al son de las trompetas. Esta canción cuenta la historia y había un estribillo que repetía: “Jericó debe caer”. Cuando se cantaba este estribillo, imaginad éramos 40.000 personas, mis compañeros italianos me daban codazos y me decían: escucha bien porque Jericó eres tú. Y Jericó cayó. No inmediatamente, no tan fácilmente.
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Preparando el terreno a una experiencia»
Me invitaron a un Retiro en New Jersey y tengo que comentar la importancia de no criticar a los sacerdotes que tienen dificultades en aceptar la Renovación, sino amarles. Fue el amor que yo encontré en mis hermanos, sobre todo en un joven sacerdote irlandés que trabaja en América, su paciencia, sus cuidados y atenciones. Esto preparó el terreno para mi experiencia. Me fui a esta casa de Retiro, pensando en quedarme allí un día y después irme a mi comunidad capuchina en Washington. Me dijeron quédate aquí. Y empezó una lucha en mí. Yo me decía: “Esta no es una casa de perdición, es una casa de Retiro, si me quedo no me puede hacer mal.. Entonces, ¡me quedo Señor!; te doy esta última posibilidad de convencerme, de hablarme”.
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Todavía había una resistencia»
Empecé aquella semana que concluía con el bautismo en el Espíritu. Insisto, compartir mis dificultades puede ayudar a otros. Había todavía en mí una resistencia. Yo me decía: “Soy ya bautizado, sacerdote, religioso. Yo soy hijo de San Francisco de Asís. Tengo a S. Francisco como mi padre. ¿Que más necesito? ¿Que pueden darme estos hermanos laicos?”. Era una objeción de la carne, del hombre viejo, evidentemente. Y continuaba retumbando en mí esta frase: “Yo soy ya hijo de S. Francisco de Asís, tengo ya una hermosa espiritualidad”. Y mientras yo pensaba esto, una mujer -siempre una mujer- abrió la Biblia y, sin saber nada, empezó a leer. Era el pasaje donde Juan Bautista dice a los fariseos: “No digáis en vuestros corazones: tenemos a Abraham como nuestro padre”. Yo entendí que el Señor me hablaba a mí. Y ésta es la manera del Señor de hablar a través de la Escritura. Estaba claro que el Señor contestaba a mi objeción. Me levanté, no hablaba todavía inglés, hablaba en italiano, pero extrañamente todos parecían entenderme y dije: “Señor, no diré ya más que soy hijo de S. Francisco de Asís porque me doy cuenta de que no lo soy. Te pido a Ti que hagas de mí un hijo verdadero de S. Francisco de Asís y si para eso es necesario someterme al bautismo en el Espíritu, acepto”.
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Bautismo en el Espíritu»
Empecé a prepararme para recibir el Bautismo en el Espíritu. Esta fue la ocasión para mí, como teólogo, de preguntarme qué es este signo del bautismo en el Espíritu de la Renovación Carismática . Y lo que percibí en un primer momento es lo siguiente: es una manera de decir a Dios este “si, acepto”, que otros dijeron por mí en mi bautismo. En mi bautismo, la iglesia peguntó: ¿crees en Dios? Y otras personas -que fueron mis padres- contestaron: sí, creo. ¿Aceptas a Jesús como Señor? Y me di cuenta que ahora había llegado el momento de decir yo en primera persona a Jesús: sí, acepto a Jesús como Señor. También era la ocasión para renovar mi profesión religiosa, mi ordenación sacerdotal, renovar todo por el Espíritu Santo. Después tuve la ocasión de reflexionar sobre el Bautismo en el Espíritu, también he escrito algo en mis libros. Para mí es una gracia de renovación de todo el rito de la iniciación cristiana, el bautismo, la confirmación. Pero es también una gracia extraordinaria que no se puede explicar con las categorías que ya conocemos. Es una gracia, es una respuesta a la plegaria del Papa Juan XXIII que pidió a Dios un nuevo Pentecostés para la Iglesia Católica. El Señor ha contestado y esta gracia es una gracia especial de un Pentecostés renovado para la Iglesia del final del II Milenio y tal vez de todo el III Milenio. Es una gracia especial y esto explica por qué esta gracia del Bautismo en el Espíritu, de un nuevo Pentecostés, no es sólo conocida por nosotros los católicos; también los protestantes la conocieron antes que nosotros y para ellos también es una gracia especial.
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Le doy al Señor las riendas de mi vida»
La última impresión que recuerdo, en la vigilia de mi bautismo, es que paseaba por el parque y el Señor me habló con una imagen, como muy a menudo el Señor hace. Es una imagen que se forma en mi interior y que es una palabra. Imágenes que son palabras que se graban a fuego en el alma. Es una manera de Dios de comunicarse con sus criaturas. Yo me veía como un cochero que estaba sobre un coche y tenía las riendas del coche. Intenté guiar y decidir si ir rápido o despacio, a derecha o izquierda. Entonces me pareció que el Señor Jesús subía a mi lado y muy amablemente me decía: ¿Quieres darme las riendas de tu vida? Hubo un momento de pánico porque me di cuenta que esto significaba que si yo daba las riendas de mi vida al Señor, a partir de ese momento yo ya no volvía a ser más el señor de mi vida, el dueño de mi vida. Él sería el Dueño de mi vida. Por gracia de Dios, en momentos como éste se descubre qué es la gracia de Dios. Se descubre lo que dice San Pablo que todo es gracia, que por la gracia somos salvados. Por la gracia de Dios encontré en mi corazón un sí, Señor, toma las riendas de mi vida porque yo me doy cuenta de que no puedo ni siquiera decidir sobre mi vida; mañana podría estar muerto; entonces ... toma Tú, Señor, las riendas de mi vida. Ahora tengo que hacer en voz baja una pequeña confesión pública: muy a menudo, de muchas maneras, he intentado retomar las riendas de mi vida y esto son las debilidades humanas; pero cada vez, el Señor me hace comprender que una vez que se le han dado las riendas no se pueden volver a tomar.
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Elegir a Jesús como Señor de tu vida»
Llegó el momento de esta oración del Bautismo en el Espíritu y había muchas profecías y todas eran sobre un ministerio que era la proclamación del Evangelio. Un hermano -este sacerdote irlandés- decía: “Tu encontrarás un nuevo gozo en tu vida en proclamar MI Palabra”. Ya he dicho que hasta ese momento yo no era un predicador y no sabía qué significaba esta palabra. Se hablaba de Pablo que iba a Antioquia y anunciaba el Evangelio a todas las naciones. Hubo un momento en que me dijeron, ahora elige a Jesús como el Señor de toda tu vida. En ese momento levanté mis ojos y encontré el crucifijo que estaba por encima del altar y otra imagen, otra voz interior: “Yo soy el Señor que estás eligiendo. Yo, el Crucificado”. Esto me ayudó enormemente porque me hizo entender que la Renovación Carismática no es simplemente algo emocional, esa alegría, levantar los brazos... Sí, ésos son signos exteriores de una alegría nueva. Pero lo esencial es que, en la Renovación Carismática, el Espíritu Santo te lleva al corazón del Evangelio que es la cruz de Jesús; de allí brota el Espíritu como la sangre y el agua.
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Algo está sucediendo...»
No hubo emociones particulares durante mi Bautismo en el Espíritu; pero sí la certeza de que algo estaba sucediendo. El día después me fui al aeropuerto para irme a Washington y, en el coche, el sacerdote que me acompañaba me dijo: “ahora escucha bien porque yo pongo una cinta en el cassette y la primera canción es una profecía para ti”. Era un canto que decía: “Que bellos son los pies de los que anuncian el Evangelio”. Ahora, por donde voy en Italia, me cantan este canto porque saben que es mi canción.
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Estaba renovado»
Me fui en el avión y sentía que algo había pasado. Y abriendo el Breviario me parecía que los salmos eran nuevos, me hablaban, parecían escritos especialmente para mí ... Y me di cuenta que esto es uno de los primeros signos del obrar del Espíritu Santo: la Escritura se vuelve Palabra viva de Dios.
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La Biblia nos habla a cada uno»
No podemos descuidar este don magnífico para la Iglesia. La Iglesia en el Concilio ha hablado de la importancia de la Escritura en la Constitución Dei Verbum. Pero la realidad es que los cristianos, los laicos que nunca habían tenido una Biblia, ahora no pueden separarse de su Biblia. Yo he conocido muchos casos conmovedores de la Biblia que habla directamente, ilumina, da fuerza a los cristianos más sencillos.
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Respuestas que están en la Biblia»
En una misión en Australia encontré un obrero, un emigrante italiano que estaba allí y que el último día de la misión vino y me dijo: Padre, yo tengo un gran problema en mi familia, tengo un muchacho de once años que no está todavía bautizado. El problema es que mi mujer se ha vuelto Testigo de Jehová y no quiere escuchar hablar del bautismo. Si lo bautizo, habrá una tragedia en mi familia; si no lo bautizo, no estoy tranquilo porque cuando nos casamos éramos los dos católicos. Yo le dije: déjame esta noche para reflexionar y mañana hablamos y vemos qué podemos hacer. A la mañana siguiente este hombre viene hacia mi muy contento y me dice: Padre, yo ya he hallado la respuesta. Me alegré mucho porque yo todavía no lo veía nada claro. Me dice: Ayer por la tarde, regresé a mi casa y me puse a orar y abrí la Biblia y me vino la página donde Abraham lleva a su hijo Isaac a la inmolación y leyendo me he dado cuenta que cuando Abraham llevó a su hijo Isaac a la inmolación no dijo nada a su mujer.
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Respuesta perfecta»
Era una respuesta incluso exegéticamente perfecta. Porque es verdad, los rabinos cuando comentan este pasaje hacen notar que Abraham se calló, no dijo nada temiendo que su mujer le impidiera obedecer a Dios y yo mismo bauticé a este muchacho y fue una gran fiesta para todos.
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Consolarse gracias a la Biblia»
Conocí en Italia a una viuda que había perdido a su marido muy joven. Tenía tres hijos. Era un matrimonio muy unido y ésta era una prueba terrible. Lo que le ayudó e incluso hizo de esta mujer una evangelizadora, fue la Palabra de Dios, la Biblia. Ella tiene una sensibilidad, un sentido de la Escritura que a mí mismo me asombra. Las primeras semanas sin su marido ella decía que ponía la Biblia a su lado en la cama porque la Biblia se había vuelto su compañero vivo, Dios le hablaba.
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Una nueva luna de miel sacerdotal»
Los tres meses que pasé en Washington después de mi bautismo fueron mi luna de miel con el Señor. También nosotros los sacerdotes tenemos nuestra luna de miel. Mi luna de miel duró tres meses. Pero yo siento que la luna de miel -de los casados- no suele durar mucho más. Regresé a Italia y la gente de la Renovación que me había conocido estaba maravillada. Una mujer decía: “Hemos enviado a América a Saulo y ellos nos han devuelto a Pablo”.
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Deseando tener más oración»
Empecé a participar en un grupo de oración en Milán y después de algunos meses ocurrió algo que cambió mi vida. Yo estaba en mi celda orando. No penséis que soy un gran hombre de oración. Deseo, deseo orar. Y a veces incluso me quejé un poco con el Señor diciéndole: “Señor, tu me envías por todo el mundo a hablar de la oración, incluso de la oración trinitaria, ¿por qué no me das una gracia de oración un poco más fuerte, porque mi oración es tan débil, Señor? Me avergüenzo de hablar a los demás de oración. Y el Señor me contestó de esta manera tan simple: “Raniero, ¿cuáles son las cosas de las que se habla con más pasión y entusiasmo, las que se desean o las que se poseen?. Yo contesté: “Las que se desean, Señor”. “Bien -me contestó el Señor- sigue deseando y hablando de la oración”. Por eso, cuando hablo, siempre me siento discípulo y no maestro. Siempre recuerdo un dicho de los Padres del desierto que decía: “Si tienes que hablar a los demás de algo que tú no vives, algo que no has alcanzado todavía con tu vida, habla; pero haciéndote el más pequeño de todos tus oyentes; habla como discípulo, no como maestro”. Y yo trato de hacer mío este consejo.
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Algo extraordinario que cambió mi vida»
Pues lo que pasó en aquel momento de oración fue esto. Tuve de nuevo una imagen interior. Aparentemente nada extraordinario, pero interiormente muy extraordinario. Tan extraordinario que cambió mi vida. Era como si el Señor Jesús pasara delante de mí ... Y no sé por qué, pero reconocía que era Jesús como cuando regresaba del Jordán después de su bautismo y estaba a punto de empezar a proclamar el Reino de Dios; y pasando delante de mí, me decía: “si quieres ayudarme a proclamar el Reino de Dios, déjalo todo y sígueme”. Yo entendí inmediatamente que el Señor quería decir: “deja tu enseñanza, tu cátedra universitaria...”. Yo era incluso director de un departamento de esta Universidad, el departamento de Ciencias Religiosas. “Déjalo todo y vuélvete un simple predicador itinerante de la Palabra de Dios al estilo de tu padre Francisco de Asís”. Yo tuve miedo de no estar lo bastante decidido, porque el Señor invitaba pero parecía tener prisa. No se paraba, era como quien tiene mucho qué hacer. Y de nuevo esta experiencia de la gracia de Dios, al final de la oración encontré en mi corazón un “sí” lleno. “Señor, ¡lo dejo todo!”. La Universidad había instituido esta cátedra especialmente para mí y el Rector de la Universidad era mi maestro, mi amigo. En mi corazón había un “sí, Señor, aquí estoy”.
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La obediencia salvó mi vocación»
Me fui a mi superior a Roma pidiendo el permiso para cambiar mi vida. Dejar la Universidad y ser un predicador a tiempo completo. El Superior General era un hombre que murió el pasado mes de Febrero a la edad de 91 años, un santo, un hombre de oración. Tuve la gracia de orar con él las últimas horas de su vida. De San Francisco se decía que no era un hombre que oraba era un hombre hecho oración. Y así era también mi superior.»
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Este superior a quien yo ya había manifestado mi experiencia del Bautismo en el Espíritu, como buen superior prudente, me dijo: “Esperemos un año y después decidiremos”. Ésta fue la ocasión para mí de descubrir la gracia de la obediencia. Yo había tenido una inspiración clara del Señor que me pedía dedicarme a predicar. Pero ahora tenía que someter mi inspiración personal a la autoridad de mi superior, incluso cuando me decía “esperamos”. Aquí yo concebí un pequeño libro titulado “Obediencia”. Puede ser útil porque, a veces, la gente en la Renovación Carismática tiene una inspiración del Señor, se sienten llamados a hacer algo y piensan que esto es suficiente y sin pedir ningún permiso, ni al obispo, o al superior... se lanzan a llevarlo a cabo y nadie puede pararlos. Esto no es bueno, porque siempre la inspiración interior del Espíritu tiene que someterse al discernimiento objetivo de la Iglesia. El Espíritu que te habla personalmente te habla también a través de la obediencia a la autoridad que puede ser: el obispo, el superior, el párroco, el director espiritual... puede ser de diferentes clases. Éste es un criterio muy importante: no podemos actuar simplemente bajo la inspiración personal porque nunca sabremos si hemos acertado o nos hemos equivocado. Si yo hubiera dejado la Universidad simplemente bajo esta inspiración personal, nunca habría sabido si era verdaderamente la voluntad de Dios. La obediencia salvó mi vocación.
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Dejar todo por el Señor»
Después de un año, no estaba para mí tan claro. ¿Qué voy a hacer ahora? Yo había pasado toda mi vida en el estudio, en la búsqueda. ¿Qué voy a hacer? Había un cierto temor. Volví entonces al superior y él con mucha decisión me dijo: “Es la voluntad de Dios. Dirán que estamos locos los dos, tú y yo; pero después de diez años tal vez entenderán”.»El Señor me hizo un descuento. No esperó diez años, fueron menos. Me fui, hice un Retiro en una pequeña casa de capuchinos en Suiza para prepararme. Éste fue el momento en el que el Señor me habló, sobre todo a través de Pablo, en la carta a los Filipenses, cuando Pablo habla de lo que era antes: circuncidado, de la tribu de Benjamín, fariseo, irreprensible, un hombre perfecto, podía incluso ser canonizado... pero todo lo que yo consideraba una ganancia lo considero una pérdida a partir del momento cuando conocí a Jesús como Señor, y he dejado de lado todo para encontrar esta justicia que viene de la fe en Cristo y todo esto para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus sufrimientos.
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Conocer a Jesús como persona viva»
Pero lo que me impresionó más fue precisamente la palabra más pequeña de esta frase Él. Porque cuando Pablo dice -a fin de conocerle a Él-. El pronombre personal en este momento me parecía contener más verdad sobre Jesús que todos los libros que yo había leído o escrito. Porque cuando Pablo dice Él, entiende el Jesús vivo, el Jesús en carne y hueso; no una teoría sobre Jesús o una idea abstracta. Ésta es la diferencia. Conocer a Jesús como Señor significa conocerlo como el Viviente, el que ha resucitado. No un personaje del pasado ... ¡Él !, a fin de conocerle ¡a Él!
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Predicador del Papa»
Yo llevaba un mes en esta casa de retiro y me llegó una llamada de teléfono. Era mi superior general que me decía: “El Santo Padre te ha nombrado predicador de la Casa Pontificia; ¿tienes objeciones serias para renunciar?”. Yo intenté buscar objeciones serias. Pero, aparte del miedo, no encontré objeciones serias. Entonces le dije: “Padre, si esta es la voluntad de Dios, acepto ir”. Tuve que prepararme deprisa porque en un mes tenía que empezar a predicar mi primera Cuaresma al Papa. Y voy a decirles algo de este ministerio. No para hablar de mí mismo sino para hacerles conocer algo del Santo Padre. Algo que nos revela cosas muy edificantes del Papa.
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La primera predicación ante el Papa»
Existe este ministerio que está otorgado a la orden capuchina que se llama el predicador de la Casa Pontificia y esto consiste en que cada viernes por la mañana, en Advierto y Cuaresma, un fraile tiene que dar una meditación al Papa, a sus secretarios, cardenales, obispos de la Curia Romana y los superiores generales de las órdenes religiosas. Son entre 60 y 100 personas. Yo empecé este ministerio y después de 23 años todavía continúo. ¡Veis la paciencia heroica del Papa! Él lleva escuchándome veintitrés años. Fue una gracia del Señor. Me di cuenta que era una providencia para hacer resonar en el corazón mismo de la Iglesia, en esos momentos de gran recogimiento, hacer resonar la gracia del Espíritu que circula en la base de la Iglesia. Y, precisamente, unas de las primeras meditaciones fue sobre el Bautismo en el Espíritu. Hablé con mucha fuerza de que ésta es una gracia para toda la Iglesia. De como es una manera de hacer del cristianismo algo vivo, de renovar la autoridad, la predicación, la liturgia, cada aspecto de la Iglesia. Y me di cuenta de que hablé de una manera muy atrevida. Incluso dije: “No tenemos que decir de los laicos, ¿qué pueden darnos a nosotros los sacerdotes y a los obispos, estos laicos? Nosotros hemos recibido la plenitud del Espíritu”. Así les hablé en aquel momento. Porque el Señor puede contestarnos: “Yo también recibí la plenitud del Espíritu en el momento de mi encarnación en María y a pesar de esto me fui al Jordán y pedí a Juan el Bautista, que era un simple laico, ser bautizado”.»Después de la charla yo siempre me encuentro con el Papa en una salita contigua. Y yendo a encontrar al Papa, un cardenal me dijo: “hoy en esta sala hemos escuchado al Espíritu Santo que nos ha hablado”. Y se fue.»El Papa no falta nunca, nunca. Él me edifica a mí. Pensad: el maestro de toda la Iglesia que encuentra cada mañana, a las nueve, tiempo de escuchar la meditación de un sacerdote, el último sacerdote de la Iglesia Católica.
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El perdón del Papa»
A veces, saliendo de la predicación encuentro Jefes de Estado que están esperando para ser recibidos por el Papa y él está allí escuchando a un pobre fraile. Un año -creo que era 1986- faltó dos viernes porque estaba de viaje en América Central y cuando vino, se dirigió derecho hacia mí, pidiendo perdón por haber faltado a dos charlas. A veces yo digo a mis hermanos los laicos: ¿habéis ido a pedir perdón alguna vez a vuestro párroco por haber faltado a la homilía del domingo?»Recuerdo otra pequeña anécdota. Una vez al año, en viernes santo, la homilía se tiene en la Basílica de San Pedro. Es la única ocasión en la que el Papa preside la liturgia, pero no habla. Se sienta y el predicador de la Casa Pontificia tiene que subir al altar papal y dar su homilía. Y allí está toda la Iglesia, todos los cardenales... Es un momento de gran solemnidad. Me di cuenta inmediatamente que tenía que hablar muy despacio porque el sonido en la Basílica retumbaba. Pero hablando despacio tardé diez minutos más de lo previsto en el programa. Y el responsable del horario del Papa -entonces era un obispo, después fue cardenal; ahora ya ha muerto- estaba muy nervioso y a menudo miraba su reloj, porque el Papa después tenía que presidir un Vía Crucis en el Coliseo. Yo no lo veía. Pero este obispo contó a algunas hermanas al día siguiente que después de la liturgia el Papa lo llamó y le dijo: “Cuando un hombre nos habla en el nombre de Dios, no tenemos que mirar a nuestro reloj”.
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Predicar por todo el mundo»
Este ministerio de proclamar la Palabra de Dios, en la simplicidad de San Francisco y el poder del Espíritu Santo, me ha llevado por todo el mundo, por muchas naciones. Predicando retiros a los obispos. He predicado este año a todos los obispos de Irlanda. Tengo que predicar en Noviembre de este año 2002 a todos los obispos de Polonia. También en Italia daré un Retiro de sacerdotes. A menudo es la Renovación Carismática la que organiza mis viajes y ofrece la posibilidad de Retiros para el Clero y junto a esto hay un fin de semana para la Renovación.
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Sacerdotes que querían abandonar su ministerio»
Queridos hermanos, es un don que la Renovación Carismática hace a la Iglesia. Hubo un Retiro en 1995, con ocasión de los quinientos años de la evangelización de América Latina. Fue un largo Retiro en Monterrey (México). Había 1.700 sacerdotes y 70 obispos de toda América Latina. Un obispo mexicano dijo: “Si la Renovación Carismática no hubiera hecho nada más que organizar estos Retiros para el Clero, habría ya sido suficiente para la Iglesia”. Muy a menudo, los sacerdotes son renovados en estos retiros. Hay una gracia especial; muchos sacerdotes que habían llegado al retiro invitados y a veces traídos por los laicos, antes de irse daban testimonio de que habían llegado decididos a abandonar el ministerio sacerdotal y ahora regresaban decididos a retomar con más entusiasmo. Era un momento de gran efusión del Espíritu. Yo estaba al lado del altar orando por los demás, y fue en esta ocasión cuando un joven sacerdote se acercó a mí, se arrodilló y muy decidido me dijo: bendígame padre, “quiero ser profeta de Dios”. Yo había hablado en la homilía precisamente de esto: que el Señor necesita profetas entre los sacerdotes. Especialmente en América Latina, necesita profetas, es decir, personas que permitan a Dios hablar. Este es el profeta. El profeta es uno que se calla. “El profeta verdadero cuando habla se calla”, decía el judío Filón. Porque en este momento no es más el que habla. Había hablado entonces de la necesidad de profetas, y vino este joven diciendo, visiblemente inspirado, “quiero ser profeta de Dios”. Percibí que hablaba en serio. Fue una gran emoción para mí. Y ahora sigo sirviendo al Señor en esta manera, proclamando la gracia del Señor, como ahora. Os voy a decir una última palabra.
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Predicador a tiempo completo»
Cuando mi superior me permitió cambiar mi vida y empezaba a ser predicador a tiempo completo, en la Liturgia de las Horas -era un 10 de octubre- había un pasaje de Ageo, el profeta Ageo. En el pasaje, cuando después de haber reprochado a su pueblo de cuidar de su casa y no reconstruir el Templo, el pueblo se convierte, empieza a reconstruir el Templo de Dios, y Dios envía de nuevo al profeta Ageo, esta vez con un mensaje de consuelo. Dice ahora: “¡Ánimo, Zorobabel, id al trabajo porque estoy yo con vosotros! –oráculo del Señor-”. “¡Al trabajo, Josué, al trabajo pueblo entero del país porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-”.
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En la plaza de san Pedro»
Después de leer este pasaje en la Liturgia de las Horas, me fui a la plaza de San Pedro. Quería orar un poco a San Pedro para bendecir mi ministerio nuevo. En la plaza de San Pedro no había nadie; era un día de octubre muy lluvioso. Como si la palabra de Dios se volviera viva, mirando hacia la ventana del Papa, empecé a gritar: ¡Ánimo, Juan Pablo II, al trabajo porque estoy yo con vosotros! Era muy fácil porque no había nadie alrededor.»
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Y después de tres meses, me encontré que estaba frente al Papa, y le dije lo que había hecho bajo su ventana. Y de nuevo proclamé este pasaje de Ageo, pero no como una cita, sino como una palabra viva, en este momento, para el corazón de la Iglesia. Entonces, mirando al Papa, que estaba al lado mío, empecé a decir: ¡Ánimo, Juan Pablo II!, a pesar de que Juan Pablo II es el hombre que tiene más ánimo de toda la humanidad, pero en el Nombre del Señor, ¡ánimo Juan Pablo II, ánimo Cardenales y Obispos de la Iglesia Católica, y al trabajo porque estoy yo con vosotros.»
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Y siempre cuando el Señor me envía a alguna parte del mundo, repito este mensaje de nuevo como una palabra viva, no como un recuerdo de antaño. Entonces, ahora os digo a vosotros: ¡Ánimo, ánimo sacerdotes y laicos de la Renovación Carismática de España, de la Iglesia de España, y al trabajo porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-. ¡Amén!».
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ReL le ofrece un testimonio verdaderamente impactante del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la casa pontificia, sobre cómo y por qué cambió radicalmente su forma de vivir el sacerdocio y su seguimiento a Cristo.
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Un hecho extraordinario.
«Mi historia personal con el Señor empezó muy temprano. Fui bautizado a los pocos días después de mi nacimiento; pero esto no era todavía un encuentro personal. Mi primer encuentro personal fue a los trece años. Yo estaba en un Colegio de Capuchinos. No sabía todavía lo que iba a hacer en mi vida, cuando tuvimos un primer retiro y escuché por primera vez las grandes verdades de nuestra fe: el amor de Dios, la vida eterna, el infierno ... Recuerdo muy bien la impresión que me dio la meditación sobre el infierno; me hizo entender que la vida es algo muy serio, una aventura muy seria. Y escuchando estas verdades, exponiéndome por primera vez a la luz del Evangelio, percibí inmediatamente mi vocación, me sentí llamado por el Señor a hacerme sacerdote franciscano. El ser franciscano era secundario en aquel momento; lo que era primordial era que yo dedicaba mi vida al Señor Jesús.
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Muchos años de formación»
Empecé mi formación que duró muchos años. Estudié, fui ordenado sacerdote en Loreto, que es un lugar donde hay un Santuario de la Virgen muy importante. Fue ordenado sacerdote en 1958, hace muchos años, algunos de vosotros todavía no habíais nacido. Después los superiores me enviaron a Suiza a estudiar Teología y me doctoré en Teología estudiando a los Padres de la Iglesia. Después me enviaron a la Universidad Católica de Milán para profundizar en el conocimiento de las lenguas clásicas, latín y griego, para estudiar mejor los Padres de la Iglesia y la Escritura.
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Doy clases en la universidad».
Cuando terminé mis estudios de filología clásica, me invitaron a quedarme a la Universidad. El Rector de entonces era un santo. Ahora está en proceso su beatificación. Él fue un precioso laico para la Iglesia de Italia. Él me invitó a ser su ayudante y después de dos años se instituyó una cátedra para mí que era la cátedra de Historia de los Orígenes del Cristianismo. Se estudia en esta cátedra el Nuevo Testamento y los primeros siglos de la Iglesia, un precioso campo.
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Búsqueda científica»
Llevaba allí enseñando varios años y predicaba los domingos algunas homilías, pero nada más. Mi papel era sobre todo la búsqueda científica. Estaba contento y mis superiores decían que estaban muy orgullosos de tener un miembro de su orden en la Universidad Católica. Es una importante Universidad que en aquel tiempo; tenía unos veintidós o veintitrés mil estudiantes.
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Ocurren milagros...»
En 1975, una señora a quien yo acompañaba en su camino espiritual, regresó de un Retiro de fin de semana en una casa de Milán y me dijo: “He encontrado un grupo de personas extrañas que oran de una manera nueva, que levantan las manos y se habla incluso de milagros que ocurren entre ellos”. Y yo como un buen director espiritual muy prudente le dije: “Tu no irás más a estos Retiros”. Eran los primeros grupos de oración de la Renovación Carismática que llegaban a Italia. Esta señora obedeció, pero me invitaba a acudir a algunos encuentros de la Renovación Carismática para ver ...
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Conozco la Renovación Carismática»
Una vez me llevó a Roma a un Encuentro. Yo estaba allí como observador. Había cosas que no podía aceptar, por ejemplo: abrazarse, besarse... Yo expongo mis dificultades porque sé que hay muchos que hoy encuentran las mismas dificultades, sobre todo entre el clero. Entonces me pidieron que confesase. Y escuchando estas confesiones fue mi primer impacto con la gracia. No simplemente las manifestaciones, sino la gracia interior de la Renovación Carismática. Porque había un arrepentimiento que yo raramente había encontrado y se trataba de laicos, de gente muy normal. Me parecía que los pecados caían como piedras de su alma. Había una liberación, una gracia, lágrimas... Yo estaba asustado y me decía a mi mismo: “No puedes negar que aquí está la gracia de Dios. Éste es el Espíritu que obra, porque solamente Él puede dar una idea, un conocimiento tan claro del pecado, un arrepentimiento tan grande”. Pero todavía estaba en una posición de juez. Juzgaba lo que me parecía bueno, lo que no me parecía bueno. Y los animadores de entonces, los líderes, decían a los hermanos : no vayáis con ese sacerdote porque él es un enemigo de la Renovación Carismática.
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Risas y no lágrimas»
Tengo que decir otra cosa. Para mucha gente el primer impacto con la Renovación Carismática se manifiesta en lágrimas, para mi fue en una sonrisa. Yo tuve mucha dificultad en reprimir mi risa, pero sentía que era un reír santo, diferente. Era como si Dios me sacudiera, para sacudir el hombre viejo y hacerme salir de mi seguridad, de mi orgullo. Y está fue la primera ofrenda de liberación que el Señor me daba.
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Fascinado por lo que veía»
Di un curso en la Universidad en aquel momento sobre los movimientos carismáticos proféticos de la primera Iglesia, para intentar comprender algo de esta nueva manifestación en la Iglesia. No me ayudó mucho esta búsqueda científica, pero me sirvió porque me mantuvo en contacto con la Renovación Carismática. Ellos me conocían, incluso me invitaban a dar algunas enseñanzas; y yo estaba ahí, atraído, fascinado por lo que veía.
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Esto pasaba en las primeras comunidades cristianas»
Yo me decía a mi mismo: “Esto es lo que pasaba en las primeras comunidades cristianas, tú lo sabes, tú estudias esto y sabes que esto es precisamente lo que pasaba en aquellas primeras comunidades: carismas, profecías, laicos tomando su papel en la vida de la Iglesia, no callando siempre, no sólo hablando el sacerdote...”.
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Objeciones a lo que estaba viviendo»
Algunas objeciones, que yo ponía, fueron encontrando su respuesta. Por ejemplo, para mí era una dificultad ver que si aquello era del Espíritu de Dios, por que había algunas cosas que eran claramente carnales y humanas. El Señor me hizo comprender que el don de Dios está siempre mediado por los hombres, la debilidad humana. El carisma de la autoridad en la Iglesia a veces no está ejercitado de manera perfecta porque existe la ambición, el poder y a nadie se le ocurre abolir la autoridad. Lo mismo tenemos que decir de otros carismas: no están empleados de manera angélica pero es la manera de Dios de obrar con medios humildes, pobres y defectuosos.
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Un hecho providencial»
En 1977 una mujer -notad que hay siempre una mujer como mediadora; y éste es un don de la mujer, ser una ayuda; el hombre debe ser una ayuda también- , una mujer ofreció cuatro boletos con todo incluido para ir a América a un Encuentro Carismático Ecuménico que tendría lugar en Kansas City en los Estados Unidos. Uno de estos boletos se le ofreció a un profesor de teología que después fue nombrado arzobispo de Turín y fue cardenal, ahora jubilado. Pero en el último momento su madre enfermó y no pudo ir. Este boleto llego a mí. Yo me decía: “Será una experiencia más”. Yo tenía que ir a los EE.UU. para aprender inglés y me decía: “En una semana todo habrá acabado y yo iré a mi comunidad capuchina”.
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Observando qué hacía el Espíritu»
Me fui a este Encuentro. Había 40.000 personas. La mitad católicos y la otra mitad de otras confesiones cristianas, muchos pentecostales, anglicanos y toda clase de confesión cristiana. Y allí yo seguía en esta posición de observador que está interesado con algunas manifestaciones, como la manera de proclamar la Palabra de Dios con tanta unción, pero rechazaba otras expresiones que no entraban en mi esquema mental. Por la mañana cada Iglesia se reunía por su cuenta y por la tarde nos reuníamos todos juntos en un estadio escuchando, cantando ... Hubo una escena que siempre me quedará grabada en la memoria. Una tarde, un líder de la Renovación Carismática muy conocido, tomó el micrófono y empezó a hablar de una manera nueva para mí. Él dijo: “Llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado. Vosotros, los obispos, llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado, vosotros los sacerdotes, los pastores, los laicos...” .
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Descubriendo el señorío de Cristo»
Mientras él hablaba yo empecé a ver la gente que caía a mi alrededor hasta que todo el estadio era una inmensa muchedumbre de gente llorando de arrepentimiento por la división, la discordia entre los cristianos. Y todo esto pasaba y había un gran letrero sobre el cielo, un letrero electrónico que decía: Jesus is Lord -Jesús es Señor-. Me pareció una profecía: La Iglesia, reunida en un lugar, formando un solo cuerpo, todos de rodillas lloramos, pidiendo perdón al Señor bajo el señorío de Cristo. Fue allí cuando concebí este libro, “La vida en el señorío de Cristo” que ahora se titula de forma más sencilla “La vida en Cristo”, porque era el descubrimiento del Señorío de Cristo, de Jesús, el Señor. Era muy extraño porque yo como profesor había estudiado este título: Kirios, Señor.
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Jericó debe caer»
Conocía su importancia; pero me parecía algo nuevo porque para mi el descubrimiento del señorío de Cristo es el alma de la Renavación Carismática, su fruto más profundo. La experiencia del Espíritu viene sobre los que proclaman a Jesús Señor. Tengo que decirlo con gran vergüenza: no estaba todavía convencido. No era mala fe, sino que, como sacerdote, como hombre de estudio, me sentía obligado a discernir y ser prudente, tal vez demasiado prudente. Había un canto que se cantaba allí que era la historia de Jericó que cae al son de las trompetas. Esta canción cuenta la historia y había un estribillo que repetía: “Jericó debe caer”. Cuando se cantaba este estribillo, imaginad éramos 40.000 personas, mis compañeros italianos me daban codazos y me decían: escucha bien porque Jericó eres tú. Y Jericó cayó. No inmediatamente, no tan fácilmente.
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Preparando el terreno a una experiencia»
Me invitaron a un Retiro en New Jersey y tengo que comentar la importancia de no criticar a los sacerdotes que tienen dificultades en aceptar la Renovación, sino amarles. Fue el amor que yo encontré en mis hermanos, sobre todo en un joven sacerdote irlandés que trabaja en América, su paciencia, sus cuidados y atenciones. Esto preparó el terreno para mi experiencia. Me fui a esta casa de Retiro, pensando en quedarme allí un día y después irme a mi comunidad capuchina en Washington. Me dijeron quédate aquí. Y empezó una lucha en mí. Yo me decía: “Esta no es una casa de perdición, es una casa de Retiro, si me quedo no me puede hacer mal.. Entonces, ¡me quedo Señor!; te doy esta última posibilidad de convencerme, de hablarme”.
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Todavía había una resistencia»
Empecé aquella semana que concluía con el bautismo en el Espíritu. Insisto, compartir mis dificultades puede ayudar a otros. Había todavía en mí una resistencia. Yo me decía: “Soy ya bautizado, sacerdote, religioso. Yo soy hijo de San Francisco de Asís. Tengo a S. Francisco como mi padre. ¿Que más necesito? ¿Que pueden darme estos hermanos laicos?”. Era una objeción de la carne, del hombre viejo, evidentemente. Y continuaba retumbando en mí esta frase: “Yo soy ya hijo de S. Francisco de Asís, tengo ya una hermosa espiritualidad”. Y mientras yo pensaba esto, una mujer -siempre una mujer- abrió la Biblia y, sin saber nada, empezó a leer. Era el pasaje donde Juan Bautista dice a los fariseos: “No digáis en vuestros corazones: tenemos a Abraham como nuestro padre”. Yo entendí que el Señor me hablaba a mí. Y ésta es la manera del Señor de hablar a través de la Escritura. Estaba claro que el Señor contestaba a mi objeción. Me levanté, no hablaba todavía inglés, hablaba en italiano, pero extrañamente todos parecían entenderme y dije: “Señor, no diré ya más que soy hijo de S. Francisco de Asís porque me doy cuenta de que no lo soy. Te pido a Ti que hagas de mí un hijo verdadero de S. Francisco de Asís y si para eso es necesario someterme al bautismo en el Espíritu, acepto”.
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Bautismo en el Espíritu»
Empecé a prepararme para recibir el Bautismo en el Espíritu. Esta fue la ocasión para mí, como teólogo, de preguntarme qué es este signo del bautismo en el Espíritu de la Renovación Carismática . Y lo que percibí en un primer momento es lo siguiente: es una manera de decir a Dios este “si, acepto”, que otros dijeron por mí en mi bautismo. En mi bautismo, la iglesia peguntó: ¿crees en Dios? Y otras personas -que fueron mis padres- contestaron: sí, creo. ¿Aceptas a Jesús como Señor? Y me di cuenta que ahora había llegado el momento de decir yo en primera persona a Jesús: sí, acepto a Jesús como Señor. También era la ocasión para renovar mi profesión religiosa, mi ordenación sacerdotal, renovar todo por el Espíritu Santo. Después tuve la ocasión de reflexionar sobre el Bautismo en el Espíritu, también he escrito algo en mis libros. Para mí es una gracia de renovación de todo el rito de la iniciación cristiana, el bautismo, la confirmación. Pero es también una gracia extraordinaria que no se puede explicar con las categorías que ya conocemos. Es una gracia, es una respuesta a la plegaria del Papa Juan XXIII que pidió a Dios un nuevo Pentecostés para la Iglesia Católica. El Señor ha contestado y esta gracia es una gracia especial de un Pentecostés renovado para la Iglesia del final del II Milenio y tal vez de todo el III Milenio. Es una gracia especial y esto explica por qué esta gracia del Bautismo en el Espíritu, de un nuevo Pentecostés, no es sólo conocida por nosotros los católicos; también los protestantes la conocieron antes que nosotros y para ellos también es una gracia especial.
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Le doy al Señor las riendas de mi vida»
La última impresión que recuerdo, en la vigilia de mi bautismo, es que paseaba por el parque y el Señor me habló con una imagen, como muy a menudo el Señor hace. Es una imagen que se forma en mi interior y que es una palabra. Imágenes que son palabras que se graban a fuego en el alma. Es una manera de Dios de comunicarse con sus criaturas. Yo me veía como un cochero que estaba sobre un coche y tenía las riendas del coche. Intenté guiar y decidir si ir rápido o despacio, a derecha o izquierda. Entonces me pareció que el Señor Jesús subía a mi lado y muy amablemente me decía: ¿Quieres darme las riendas de tu vida? Hubo un momento de pánico porque me di cuenta que esto significaba que si yo daba las riendas de mi vida al Señor, a partir de ese momento yo ya no volvía a ser más el señor de mi vida, el dueño de mi vida. Él sería el Dueño de mi vida. Por gracia de Dios, en momentos como éste se descubre qué es la gracia de Dios. Se descubre lo que dice San Pablo que todo es gracia, que por la gracia somos salvados. Por la gracia de Dios encontré en mi corazón un sí, Señor, toma las riendas de mi vida porque yo me doy cuenta de que no puedo ni siquiera decidir sobre mi vida; mañana podría estar muerto; entonces ... toma Tú, Señor, las riendas de mi vida. Ahora tengo que hacer en voz baja una pequeña confesión pública: muy a menudo, de muchas maneras, he intentado retomar las riendas de mi vida y esto son las debilidades humanas; pero cada vez, el Señor me hace comprender que una vez que se le han dado las riendas no se pueden volver a tomar.
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Elegir a Jesús como Señor de tu vida»
Llegó el momento de esta oración del Bautismo en el Espíritu y había muchas profecías y todas eran sobre un ministerio que era la proclamación del Evangelio. Un hermano -este sacerdote irlandés- decía: “Tu encontrarás un nuevo gozo en tu vida en proclamar MI Palabra”. Ya he dicho que hasta ese momento yo no era un predicador y no sabía qué significaba esta palabra. Se hablaba de Pablo que iba a Antioquia y anunciaba el Evangelio a todas las naciones. Hubo un momento en que me dijeron, ahora elige a Jesús como el Señor de toda tu vida. En ese momento levanté mis ojos y encontré el crucifijo que estaba por encima del altar y otra imagen, otra voz interior: “Yo soy el Señor que estás eligiendo. Yo, el Crucificado”. Esto me ayudó enormemente porque me hizo entender que la Renovación Carismática no es simplemente algo emocional, esa alegría, levantar los brazos... Sí, ésos son signos exteriores de una alegría nueva. Pero lo esencial es que, en la Renovación Carismática, el Espíritu Santo te lleva al corazón del Evangelio que es la cruz de Jesús; de allí brota el Espíritu como la sangre y el agua.
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Algo está sucediendo...»
No hubo emociones particulares durante mi Bautismo en el Espíritu; pero sí la certeza de que algo estaba sucediendo. El día después me fui al aeropuerto para irme a Washington y, en el coche, el sacerdote que me acompañaba me dijo: “ahora escucha bien porque yo pongo una cinta en el cassette y la primera canción es una profecía para ti”. Era un canto que decía: “Que bellos son los pies de los que anuncian el Evangelio”. Ahora, por donde voy en Italia, me cantan este canto porque saben que es mi canción.
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Estaba renovado»
Me fui en el avión y sentía que algo había pasado. Y abriendo el Breviario me parecía que los salmos eran nuevos, me hablaban, parecían escritos especialmente para mí ... Y me di cuenta que esto es uno de los primeros signos del obrar del Espíritu Santo: la Escritura se vuelve Palabra viva de Dios.
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La Biblia nos habla a cada uno»
No podemos descuidar este don magnífico para la Iglesia. La Iglesia en el Concilio ha hablado de la importancia de la Escritura en la Constitución Dei Verbum. Pero la realidad es que los cristianos, los laicos que nunca habían tenido una Biblia, ahora no pueden separarse de su Biblia. Yo he conocido muchos casos conmovedores de la Biblia que habla directamente, ilumina, da fuerza a los cristianos más sencillos.
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Respuestas que están en la Biblia»
En una misión en Australia encontré un obrero, un emigrante italiano que estaba allí y que el último día de la misión vino y me dijo: Padre, yo tengo un gran problema en mi familia, tengo un muchacho de once años que no está todavía bautizado. El problema es que mi mujer se ha vuelto Testigo de Jehová y no quiere escuchar hablar del bautismo. Si lo bautizo, habrá una tragedia en mi familia; si no lo bautizo, no estoy tranquilo porque cuando nos casamos éramos los dos católicos. Yo le dije: déjame esta noche para reflexionar y mañana hablamos y vemos qué podemos hacer. A la mañana siguiente este hombre viene hacia mi muy contento y me dice: Padre, yo ya he hallado la respuesta. Me alegré mucho porque yo todavía no lo veía nada claro. Me dice: Ayer por la tarde, regresé a mi casa y me puse a orar y abrí la Biblia y me vino la página donde Abraham lleva a su hijo Isaac a la inmolación y leyendo me he dado cuenta que cuando Abraham llevó a su hijo Isaac a la inmolación no dijo nada a su mujer.
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Respuesta perfecta»
Era una respuesta incluso exegéticamente perfecta. Porque es verdad, los rabinos cuando comentan este pasaje hacen notar que Abraham se calló, no dijo nada temiendo que su mujer le impidiera obedecer a Dios y yo mismo bauticé a este muchacho y fue una gran fiesta para todos.
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Consolarse gracias a la Biblia»
Conocí en Italia a una viuda que había perdido a su marido muy joven. Tenía tres hijos. Era un matrimonio muy unido y ésta era una prueba terrible. Lo que le ayudó e incluso hizo de esta mujer una evangelizadora, fue la Palabra de Dios, la Biblia. Ella tiene una sensibilidad, un sentido de la Escritura que a mí mismo me asombra. Las primeras semanas sin su marido ella decía que ponía la Biblia a su lado en la cama porque la Biblia se había vuelto su compañero vivo, Dios le hablaba.
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Una nueva luna de miel sacerdotal»
Los tres meses que pasé en Washington después de mi bautismo fueron mi luna de miel con el Señor. También nosotros los sacerdotes tenemos nuestra luna de miel. Mi luna de miel duró tres meses. Pero yo siento que la luna de miel -de los casados- no suele durar mucho más. Regresé a Italia y la gente de la Renovación que me había conocido estaba maravillada. Una mujer decía: “Hemos enviado a América a Saulo y ellos nos han devuelto a Pablo”.
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Deseando tener más oración»
Empecé a participar en un grupo de oración en Milán y después de algunos meses ocurrió algo que cambió mi vida. Yo estaba en mi celda orando. No penséis que soy un gran hombre de oración. Deseo, deseo orar. Y a veces incluso me quejé un poco con el Señor diciéndole: “Señor, tu me envías por todo el mundo a hablar de la oración, incluso de la oración trinitaria, ¿por qué no me das una gracia de oración un poco más fuerte, porque mi oración es tan débil, Señor? Me avergüenzo de hablar a los demás de oración. Y el Señor me contestó de esta manera tan simple: “Raniero, ¿cuáles son las cosas de las que se habla con más pasión y entusiasmo, las que se desean o las que se poseen?. Yo contesté: “Las que se desean, Señor”. “Bien -me contestó el Señor- sigue deseando y hablando de la oración”. Por eso, cuando hablo, siempre me siento discípulo y no maestro. Siempre recuerdo un dicho de los Padres del desierto que decía: “Si tienes que hablar a los demás de algo que tú no vives, algo que no has alcanzado todavía con tu vida, habla; pero haciéndote el más pequeño de todos tus oyentes; habla como discípulo, no como maestro”. Y yo trato de hacer mío este consejo.
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Algo extraordinario que cambió mi vida»
Pues lo que pasó en aquel momento de oración fue esto. Tuve de nuevo una imagen interior. Aparentemente nada extraordinario, pero interiormente muy extraordinario. Tan extraordinario que cambió mi vida. Era como si el Señor Jesús pasara delante de mí ... Y no sé por qué, pero reconocía que era Jesús como cuando regresaba del Jordán después de su bautismo y estaba a punto de empezar a proclamar el Reino de Dios; y pasando delante de mí, me decía: “si quieres ayudarme a proclamar el Reino de Dios, déjalo todo y sígueme”. Yo entendí inmediatamente que el Señor quería decir: “deja tu enseñanza, tu cátedra universitaria...”. Yo era incluso director de un departamento de esta Universidad, el departamento de Ciencias Religiosas. “Déjalo todo y vuélvete un simple predicador itinerante de la Palabra de Dios al estilo de tu padre Francisco de Asís”. Yo tuve miedo de no estar lo bastante decidido, porque el Señor invitaba pero parecía tener prisa. No se paraba, era como quien tiene mucho qué hacer. Y de nuevo esta experiencia de la gracia de Dios, al final de la oración encontré en mi corazón un “sí” lleno. “Señor, ¡lo dejo todo!”. La Universidad había instituido esta cátedra especialmente para mí y el Rector de la Universidad era mi maestro, mi amigo. En mi corazón había un “sí, Señor, aquí estoy”.
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La obediencia salvó mi vocación»
Me fui a mi superior a Roma pidiendo el permiso para cambiar mi vida. Dejar la Universidad y ser un predicador a tiempo completo. El Superior General era un hombre que murió el pasado mes de Febrero a la edad de 91 años, un santo, un hombre de oración. Tuve la gracia de orar con él las últimas horas de su vida. De San Francisco se decía que no era un hombre que oraba era un hombre hecho oración. Y así era también mi superior.»
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Este superior a quien yo ya había manifestado mi experiencia del Bautismo en el Espíritu, como buen superior prudente, me dijo: “Esperemos un año y después decidiremos”. Ésta fue la ocasión para mí de descubrir la gracia de la obediencia. Yo había tenido una inspiración clara del Señor que me pedía dedicarme a predicar. Pero ahora tenía que someter mi inspiración personal a la autoridad de mi superior, incluso cuando me decía “esperamos”. Aquí yo concebí un pequeño libro titulado “Obediencia”. Puede ser útil porque, a veces, la gente en la Renovación Carismática tiene una inspiración del Señor, se sienten llamados a hacer algo y piensan que esto es suficiente y sin pedir ningún permiso, ni al obispo, o al superior... se lanzan a llevarlo a cabo y nadie puede pararlos. Esto no es bueno, porque siempre la inspiración interior del Espíritu tiene que someterse al discernimiento objetivo de la Iglesia. El Espíritu que te habla personalmente te habla también a través de la obediencia a la autoridad que puede ser: el obispo, el superior, el párroco, el director espiritual... puede ser de diferentes clases. Éste es un criterio muy importante: no podemos actuar simplemente bajo la inspiración personal porque nunca sabremos si hemos acertado o nos hemos equivocado. Si yo hubiera dejado la Universidad simplemente bajo esta inspiración personal, nunca habría sabido si era verdaderamente la voluntad de Dios. La obediencia salvó mi vocación.
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Dejar todo por el Señor»
Después de un año, no estaba para mí tan claro. ¿Qué voy a hacer ahora? Yo había pasado toda mi vida en el estudio, en la búsqueda. ¿Qué voy a hacer? Había un cierto temor. Volví entonces al superior y él con mucha decisión me dijo: “Es la voluntad de Dios. Dirán que estamos locos los dos, tú y yo; pero después de diez años tal vez entenderán”.»El Señor me hizo un descuento. No esperó diez años, fueron menos. Me fui, hice un Retiro en una pequeña casa de capuchinos en Suiza para prepararme. Éste fue el momento en el que el Señor me habló, sobre todo a través de Pablo, en la carta a los Filipenses, cuando Pablo habla de lo que era antes: circuncidado, de la tribu de Benjamín, fariseo, irreprensible, un hombre perfecto, podía incluso ser canonizado... pero todo lo que yo consideraba una ganancia lo considero una pérdida a partir del momento cuando conocí a Jesús como Señor, y he dejado de lado todo para encontrar esta justicia que viene de la fe en Cristo y todo esto para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus sufrimientos.
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Conocer a Jesús como persona viva»
Pero lo que me impresionó más fue precisamente la palabra más pequeña de esta frase Él. Porque cuando Pablo dice -a fin de conocerle a Él-. El pronombre personal en este momento me parecía contener más verdad sobre Jesús que todos los libros que yo había leído o escrito. Porque cuando Pablo dice Él, entiende el Jesús vivo, el Jesús en carne y hueso; no una teoría sobre Jesús o una idea abstracta. Ésta es la diferencia. Conocer a Jesús como Señor significa conocerlo como el Viviente, el que ha resucitado. No un personaje del pasado ... ¡Él !, a fin de conocerle ¡a Él!
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Predicador del Papa»
Yo llevaba un mes en esta casa de retiro y me llegó una llamada de teléfono. Era mi superior general que me decía: “El Santo Padre te ha nombrado predicador de la Casa Pontificia; ¿tienes objeciones serias para renunciar?”. Yo intenté buscar objeciones serias. Pero, aparte del miedo, no encontré objeciones serias. Entonces le dije: “Padre, si esta es la voluntad de Dios, acepto ir”. Tuve que prepararme deprisa porque en un mes tenía que empezar a predicar mi primera Cuaresma al Papa. Y voy a decirles algo de este ministerio. No para hablar de mí mismo sino para hacerles conocer algo del Santo Padre. Algo que nos revela cosas muy edificantes del Papa.
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La primera predicación ante el Papa»
Existe este ministerio que está otorgado a la orden capuchina que se llama el predicador de la Casa Pontificia y esto consiste en que cada viernes por la mañana, en Advierto y Cuaresma, un fraile tiene que dar una meditación al Papa, a sus secretarios, cardenales, obispos de la Curia Romana y los superiores generales de las órdenes religiosas. Son entre 60 y 100 personas. Yo empecé este ministerio y después de 23 años todavía continúo. ¡Veis la paciencia heroica del Papa! Él lleva escuchándome veintitrés años. Fue una gracia del Señor. Me di cuenta que era una providencia para hacer resonar en el corazón mismo de la Iglesia, en esos momentos de gran recogimiento, hacer resonar la gracia del Espíritu que circula en la base de la Iglesia. Y, precisamente, unas de las primeras meditaciones fue sobre el Bautismo en el Espíritu. Hablé con mucha fuerza de que ésta es una gracia para toda la Iglesia. De como es una manera de hacer del cristianismo algo vivo, de renovar la autoridad, la predicación, la liturgia, cada aspecto de la Iglesia. Y me di cuenta de que hablé de una manera muy atrevida. Incluso dije: “No tenemos que decir de los laicos, ¿qué pueden darnos a nosotros los sacerdotes y a los obispos, estos laicos? Nosotros hemos recibido la plenitud del Espíritu”. Así les hablé en aquel momento. Porque el Señor puede contestarnos: “Yo también recibí la plenitud del Espíritu en el momento de mi encarnación en María y a pesar de esto me fui al Jordán y pedí a Juan el Bautista, que era un simple laico, ser bautizado”.»Después de la charla yo siempre me encuentro con el Papa en una salita contigua. Y yendo a encontrar al Papa, un cardenal me dijo: “hoy en esta sala hemos escuchado al Espíritu Santo que nos ha hablado”. Y se fue.»El Papa no falta nunca, nunca. Él me edifica a mí. Pensad: el maestro de toda la Iglesia que encuentra cada mañana, a las nueve, tiempo de escuchar la meditación de un sacerdote, el último sacerdote de la Iglesia Católica.
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El perdón del Papa»
A veces, saliendo de la predicación encuentro Jefes de Estado que están esperando para ser recibidos por el Papa y él está allí escuchando a un pobre fraile. Un año -creo que era 1986- faltó dos viernes porque estaba de viaje en América Central y cuando vino, se dirigió derecho hacia mí, pidiendo perdón por haber faltado a dos charlas. A veces yo digo a mis hermanos los laicos: ¿habéis ido a pedir perdón alguna vez a vuestro párroco por haber faltado a la homilía del domingo?»Recuerdo otra pequeña anécdota. Una vez al año, en viernes santo, la homilía se tiene en la Basílica de San Pedro. Es la única ocasión en la que el Papa preside la liturgia, pero no habla. Se sienta y el predicador de la Casa Pontificia tiene que subir al altar papal y dar su homilía. Y allí está toda la Iglesia, todos los cardenales... Es un momento de gran solemnidad. Me di cuenta inmediatamente que tenía que hablar muy despacio porque el sonido en la Basílica retumbaba. Pero hablando despacio tardé diez minutos más de lo previsto en el programa. Y el responsable del horario del Papa -entonces era un obispo, después fue cardenal; ahora ya ha muerto- estaba muy nervioso y a menudo miraba su reloj, porque el Papa después tenía que presidir un Vía Crucis en el Coliseo. Yo no lo veía. Pero este obispo contó a algunas hermanas al día siguiente que después de la liturgia el Papa lo llamó y le dijo: “Cuando un hombre nos habla en el nombre de Dios, no tenemos que mirar a nuestro reloj”.
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Predicar por todo el mundo»
Este ministerio de proclamar la Palabra de Dios, en la simplicidad de San Francisco y el poder del Espíritu Santo, me ha llevado por todo el mundo, por muchas naciones. Predicando retiros a los obispos. He predicado este año a todos los obispos de Irlanda. Tengo que predicar en Noviembre de este año 2002 a todos los obispos de Polonia. También en Italia daré un Retiro de sacerdotes. A menudo es la Renovación Carismática la que organiza mis viajes y ofrece la posibilidad de Retiros para el Clero y junto a esto hay un fin de semana para la Renovación.
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Sacerdotes que querían abandonar su ministerio»
Queridos hermanos, es un don que la Renovación Carismática hace a la Iglesia. Hubo un Retiro en 1995, con ocasión de los quinientos años de la evangelización de América Latina. Fue un largo Retiro en Monterrey (México). Había 1.700 sacerdotes y 70 obispos de toda América Latina. Un obispo mexicano dijo: “Si la Renovación Carismática no hubiera hecho nada más que organizar estos Retiros para el Clero, habría ya sido suficiente para la Iglesia”. Muy a menudo, los sacerdotes son renovados en estos retiros. Hay una gracia especial; muchos sacerdotes que habían llegado al retiro invitados y a veces traídos por los laicos, antes de irse daban testimonio de que habían llegado decididos a abandonar el ministerio sacerdotal y ahora regresaban decididos a retomar con más entusiasmo. Era un momento de gran efusión del Espíritu. Yo estaba al lado del altar orando por los demás, y fue en esta ocasión cuando un joven sacerdote se acercó a mí, se arrodilló y muy decidido me dijo: bendígame padre, “quiero ser profeta de Dios”. Yo había hablado en la homilía precisamente de esto: que el Señor necesita profetas entre los sacerdotes. Especialmente en América Latina, necesita profetas, es decir, personas que permitan a Dios hablar. Este es el profeta. El profeta es uno que se calla. “El profeta verdadero cuando habla se calla”, decía el judío Filón. Porque en este momento no es más el que habla. Había hablado entonces de la necesidad de profetas, y vino este joven diciendo, visiblemente inspirado, “quiero ser profeta de Dios”. Percibí que hablaba en serio. Fue una gran emoción para mí. Y ahora sigo sirviendo al Señor en esta manera, proclamando la gracia del Señor, como ahora. Os voy a decir una última palabra.
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Predicador a tiempo completo»
Cuando mi superior me permitió cambiar mi vida y empezaba a ser predicador a tiempo completo, en la Liturgia de las Horas -era un 10 de octubre- había un pasaje de Ageo, el profeta Ageo. En el pasaje, cuando después de haber reprochado a su pueblo de cuidar de su casa y no reconstruir el Templo, el pueblo se convierte, empieza a reconstruir el Templo de Dios, y Dios envía de nuevo al profeta Ageo, esta vez con un mensaje de consuelo. Dice ahora: “¡Ánimo, Zorobabel, id al trabajo porque estoy yo con vosotros! –oráculo del Señor-”. “¡Al trabajo, Josué, al trabajo pueblo entero del país porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-”.
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En la plaza de san Pedro»
Después de leer este pasaje en la Liturgia de las Horas, me fui a la plaza de San Pedro. Quería orar un poco a San Pedro para bendecir mi ministerio nuevo. En la plaza de San Pedro no había nadie; era un día de octubre muy lluvioso. Como si la palabra de Dios se volviera viva, mirando hacia la ventana del Papa, empecé a gritar: ¡Ánimo, Juan Pablo II, al trabajo porque estoy yo con vosotros! Era muy fácil porque no había nadie alrededor.»
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Y después de tres meses, me encontré que estaba frente al Papa, y le dije lo que había hecho bajo su ventana. Y de nuevo proclamé este pasaje de Ageo, pero no como una cita, sino como una palabra viva, en este momento, para el corazón de la Iglesia. Entonces, mirando al Papa, que estaba al lado mío, empecé a decir: ¡Ánimo, Juan Pablo II!, a pesar de que Juan Pablo II es el hombre que tiene más ánimo de toda la humanidad, pero en el Nombre del Señor, ¡ánimo Juan Pablo II, ánimo Cardenales y Obispos de la Iglesia Católica, y al trabajo porque estoy yo con vosotros.»
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Y siempre cuando el Señor me envía a alguna parte del mundo, repito este mensaje de nuevo como una palabra viva, no como un recuerdo de antaño. Entonces, ahora os digo a vosotros: ¡Ánimo, ánimo sacerdotes y laicos de la Renovación Carismática de España, de la Iglesia de España, y al trabajo porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-. ¡Amén!».
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